La industria arrocera en Uruguay asume un nuevo ciclo: con rendimientos que superan los 9 000 kg/ha, superficie creciente y una posición exportadora sólida, el país entra en una fase de consolidación mientras Brasil ajusta su estructura. El próximo bienio 2025‑26 lo definirá todo: volumen, costos y mercados.
Uruguay: productividad récord y control de márgenes
Según el informe “Arroz: situación y perspectivas” de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (OPYPA) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Uruguay mantiene rendimientos en el entorno de los 9 000 kg/ha y para la campaña 2024‑25 la intención de siembra rondaba las ≈ 182.000 hectáreas. Ese nivel de productividad ubica al país entre los de mayor eficiencia por hectárea del mundo, lo que ofrece una ventaja competitiva clara.
El otro frente clave es la rentabilidad: los costos de insumos, riego y energía crecen, y los precios internacionales del arroz muestran presión. La tarea consiste ahora no solo en producir toneladas, sino en transformar esa producción en ingreso real para los productores uruguayos. La agroindustria arrocera sigue siendo “uno de los sectores clave de exportación” para el país, según la OPYPA, lo que dota al cultivo de relevancia estratégica para la economía nacional.
Brasil: ajuste de área y repercusiones regionales
La Companhia Nacional de Abastecimento (Conab) de Brasil proyectó para la campaña 2025/26 una reducción de la superficie sembrada de arroz del orden de ‑5,6 %, estimándola en torno a ≈ 1,66 millones de hectáreas y con una producción anticipada de 11,5 millones de toneladas. Este ajuste responde a menores márgenes frente a otros cultivos y a la estrategia de moderación del volumen interno.
Al reducir su producción, Brasil modifica el mapa comercial regional: los países vecinos pueden captar mayor demanda, pero también se abre la posibilidad de que políticas de abastecimiento brasileñas afecten los precios. Para Uruguay, esa reducción es una ventana de oportunidad, pero incluye el riesgo de que intervenciones estatales ajusten los precios internacionales a la baja.
Paraguay: volumen creciente, ingresos bajo presión
Entre enero y mayo de 2025, Paraguay exportó aproximadamente 520.600 toneladas de arroz, un incremento del 18,1 % respecto al mismo período del año anterior, mientras que los ingresos por esas exportaciones disminuyeron un 16,8 %, ubicándose en US$ 200,9 millones, según el Ministerio de Hacienda.
Al reducir su producción, Brasil modifica el mapa comercial regional: los países vecinos pueden captar mayor demanda, pero también se abre la posibilidad de que políticas de abastecimiento brasileñas afecten los precios. Para Uruguay, esa reducción es una ventana de oportunidad, pero incluye el riesgo de que intervenciones estatales ajusten los precios internacionales a la baja.
Al reducir su producción, Brasil modifica el mapa comercial regional: los países vecinos pueden captar mayor demanda, pero también se abre la posibilidad de que políticas de abastecimiento brasileñas afecten los precios. Para Uruguay, esa reducción es una ventana de oportunidad, pero incluye el riesgo de que intervenciones estatales ajusten los precios internacionales a la baja.
Este desequilibrio –mayor volumen con menor ingreso– pone en evidencia el principal problema del comercio arrocero: producir más no garantiza ganar más. La presión de precios más bajos por tonelada erosiona los márgenes y exige eficiencia, mejores servicios de logística y diversificación de destinos de exportación. Paraguay deberá optimizar su cadena logística y aumentar valor agregado para sostener su posición.
Argentina: expansión acelerada y nuevos retos
La Bolsa de Cereales de Entre Ríos reportó que la campaña de arroz 2024/25 alcanzó una producción de 1.719.230 toneladas, con un aumento interanual del 34 %. La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina registró un crecimiento del 91 % en volumen de exportaciones durante los primeros ocho meses de 2025 respecto al mismo período de 2024.
Este salto coloca a Argentina como un actor relevante en el mercado regional de arroz. Su desafío será garantizar que infraestructura, logística, calidad del grano y costos acompañen este crecimiento para mantener competitividad y márgenes, evitando que el aumento de volumen se traduzca en vulnerabilidad operativa.
Hacia 2025‑26: lo que define competitividad
La reconfiguración del sector arrocero en el Mercosur se sostiene en tres ejes. Primero, el ajuste productivo de Brasil abre oportunidades para Uruguay, Paraguay y Argentina, pero también genera mayor competencia de precios. Segundo, la rentabilidad es central: producir más solo tiene sentido si los costos se controlan y el precio por tonelada permite un retorno razonable. Tercero, la eficiencia –rendimiento, infraestructura de riego, acceso a mercados y logística– define quién lidera la región.
Para Uruguay, el horizonte 2025‑26 exige aprovechar su ventaja técnica y consolidar su posición exportadora, pero también modernizar la cadena y contener costos crecientes. La ventana de oportunidad está abierta, y el margen entre éxito y estancamiento dependerá de decisiones estratégicas precisas.
El sector arrocero del Cono Sur está en un momento clave de transición: Uruguay se afianza como referente de eficiencia, Argentina emerge con fuerza, Paraguay acelera exportaciones y Brasil redefine su rol. No se trata únicamente de toneladas sembradas o cosechadas; la pregunta crucial es cómo convertir esas toneladas en competitividad, rentabilidad y sostenibilidad. Para Uruguay, el reto está claramente planteado y el tiempo para actuar es limitado.
Fuente: EL DEBER


