La mejora del clima en Estados Unidos, la salida de fondos de inversión y la incertidumbre comercial impulsaron una nueva caída de los principales granos.
Los mercados agrícolas volvieron a operar en terreno negativo y cerraron la semana con bajas en los principales contratos negociados en Chicago. La soja encabezó las pérdidas, seguida por el maíz y el trigo, en una rueda marcada por la mejora de las condiciones climáticas en Estados Unidos, la toma de ganancias por parte de fondos de inversión y la incertidumbre que continúa generando la política comercial de Washington.
La evolución del clima en el cinturón agrícola estadounidense volvió a convertirse en el principal factor de presión para las cotizaciones. Los pronósticos indican mejores perspectivas para el desarrollo de los cultivos de verano, un escenario que reduce parte de la preocupación que había dominado al mercado durante las últimas semanas. Con condiciones más favorables para la producción, los operadores comenzaron a descontar una posible recuperación de la oferta en la principal potencia agrícola del mundo.
A este marco se sumó la liquidación de posiciones por parte de fondos especulativos, que aprovecharon las subas previas para asegurar ganancias. El movimiento incrementó la presión vendedora sobre los contratos de futuros y aceleró la corrección de los precios, especialmente en la soja y el maíz.
La oleaginosa registró los mayores retrocesos de la jornada. El contrato de soja con entrega en julio cerró en US$ 11,21 por bushel, con una caída de 0,71%, mientras que la posición agosto finalizó en US$ 11,26 por bushel, lo que representó una baja de 0,57%.
La reacción del mercado se produjo a pesar de la continuidad de las exportaciones estadounidenses y de los datos de ventas externas difundidos por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). Sin embargo, para los operadores el foco continúa puesto en el potencial productivo de la nueva campaña y en la evolución climática durante las próximas semanas, un período clave para la definición de rendimientos.
La soja sigue siendo particularmente sensible a cualquier cambio en las perspectivas de producción estadounidense debido al peso que tiene el país en el comercio internacional de la oleaginosa y sus derivados.
El maíz acompañó la tendencia bajista y registró pérdidas aún más pronunciadas que las observadas en la soja.
La posición julio cerró en US$ 4,17 por bushel, con un retroceso de 1,65%, mientras que el contrato septiembre finalizó en US$ 4,27 por bushel, equivalente a una baja de 1,33%.
Las mejores condiciones para el desarrollo de los cultivos en Estados Unidos contribuyeron a reducir parte de la prima climática que había sostenido los precios durante semanas anteriores. Al mismo tiempo, los inversores comenzaron a reposicionar sus carteras ante un escenario de menor incertidumbre productiva.
El mercado sigue monitoreando el comportamiento de las temperaturas y las precipitaciones en el Medio Oeste estadounidense, donde se concentra una parte sustancial de la producción mundial de maíz.
El trigo tampoco escapó a la tendencia
Aunque con movimientos más moderados, el trigo también cerró la jornada con números negativos.
El contrato de julio concluyó en US$ 5,80 por bushel, con una caída de 0,30%, mientras que la posición septiembre terminó en US$ 5,92 por bushel, registrando una baja de 0,42%.
La presión sobre el cereal provino de los mismos factores que afectaron al resto de los granos: un dólar más fuerte, menores preocupaciones climáticas inmediatas y una reducción de posiciones por parte de fondos de inversión.
Además, la caída del petróleo agregó presión adicional sobre el complejo de commodities, reduciendo el atractivo de algunos activos vinculados a materias primas.
La política comercial vuelve al centro de la escena
Más allá del clima y de los movimientos financieros, los operadores siguen atentos a las señales provenientes de la Casa Blanca.
Durante los últimos días, la administración de Donald Trump reiteró su intención de avanzar con nuevas medidas arancelarias dirigidas a decenas de países. Aunque los detalles aún generan incertidumbre, el mercado teme que una escalada comercial pueda alterar los flujos globales de productos agrícolas y afectar la demanda de exportaciones estadounidenses.
Las decisiones vinculadas al comercio internacional continúan siendo uno de los factores con mayor capacidad para modificar las expectativas de los inversores, especialmente en mercados tan dependientes de las exportaciones como la soja, el maíz y el trigo.
Con el avance de la campaña estadounidense y el ingreso de nuevos datos climáticos, el comportamiento del tiempo volverá a ocupar el centro de las decisiones de los operadores. Sin embargo, la evolución de la política comercial de Estados Unidos seguirá siendo una variable clave para determinar la dirección de los precios durante las próximas semanas.
Fuente: AGROLATAM


