Si bien las poblaciones de chicharrita comienzan a retraerse y una gran proporción de los maíces tardíos ya han sido cosechados, la plaga prevalece con altos valores en las zonas endémicas donde aún no hubo heladas importantes, por lo que recomiendan seguir monitoreando durante el período invernal.
Los relevamientos volvieron a mostrar comportamientos heterogéneos del insecto en las distintas regiones; mientras el NOA, NEA y Centro-Norte siguieron concentrando las mayores abundancias de chicharritas, el Centro-Sur y el Litoral presentaron una situación de relativa estabilidad y menores niveles poblacionales.
Estos son algunos de los datos que surgieron del 44º informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, tomados entre el 1 y 15 de junio en total 293 localidades de la
Argentina.
Zona por zona
En el NOA, una de las principales zonas endémicas, donde el 76% de las trampas estuvo sobre cultivos de maíz en estado de madurez fisiológica (R6), las poblaciones de Dalbulus maidis continúan siendo altas y se incrementó levemente la proporción de localidades con la categoría de máxima abundancia, más de 100 adultos por trampa, que alcanzó al 83% del total.

Los datos en esta área reflejan “un aumento del promedio regional de capturas registradas en las trampas instaladas sobre cultivos de maíz”, señaló el reporte.
Paralelamente, en la otra zona endémica, el NEA, donde el 86% de las trampas se instalaron en cultivos de maíz, también predominantemente en R6, los niveles de abundancia continúan siendo elevados, con más de la mitad de las localidades (54%) registrando capturas superiores a 100 adultos por trampa.
“Esta situación refleja la persistencia de altas densidades poblacionales en una región considerada endémica para el vector, condición que continúa ejerciendo una marcada influencia sobre el promedio regional de capturas”, advirtió el reporte.
Por su parte, en el Litoral, donde un tercio de las trampas se ubicó sobre maíz, el 90% registró presencia de chicharritas. Si bien la distribución es generalizada, aparece una retracción de las localidades con más de 100 adultos por trampa, que cayeron al 16% del total, desde el 26% del relevamiento anterior. Las mayores densidades poblacionales se dieron en Entre Ríos y Corrientes.

En la región Centro-Norte, donde el 55% de las trampas se instalaron en lotes de maíz, se evidencia una alta presión del vector, que apareció en el 97% del total; sin embargo, la proporción de localidades con la máxima abundancia disminuyó del 81% del relevamiento anterior, al 64% en el actual.
Y en la zona Centro-Sur, donde el 51% de las trampas monitoreadas se encontraba en cultivos de maíz, siguió predominando la ausencia del vector, en un 47% de las localidades, y los bajos niveles de abundancia, ya que sólo en el 6% se registró la categoría máxima, contra el 13% del registro anterior.
Monitoreo invernal
El relevamiento quincenal de Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis volvió a mostrar comportamientos heterogéneos en las poblaciones de la plaga en las distintas regiones.
“Esto subraya la necesidad de monitorear activa y sistemáticamente también durante el período otoño-invernal”, destacó el informe.
“La información generada durante este período adquiere especial relevancia para comprender la dinámica poblacional estacional de este vector, particularmente en relación con las heladas, y así poder detectar cambios en su distribución espacial y anticipar escenarios de riesgo para las próximas campañas agrícolas”, añadieron.

Además, “la presencia de plantas voluntarias de maíz en lotes ya cosechados constituye un componente epidemiológico de gran importancia, ya que actúan como un “puente verde” que favorece la supervivencia y permanencia de Dalbulus maidis, contribuyendo a la continuidad del patosistema entre campañas”, advirtieron.
En este sentido, “el monitoreo de estos hospederos resulta estratégico para la detección temprana de focos de persistencia y para la estimación de densidades poblacionales remanentes”, apuntaron.
Fuente: Agroverdad


