- El insecto transmisor de la destructiva enfermedad sigue presente en el norte del país y enciende las alarmas.
- Cuáles son las claves para frenar su avance y tomar buenas decisiones de siembra
A pocas semanas de comenzar una nueva campaña de maíz en Argentina, los productores están muy atentos a los datos de monitoreo de la chicharrita (Dalbulus maidis), el pequeño insecto transmisor del virus del achaparramiento que dos años atrás causó enormes pérdidas en los cultivos, para tomar sus decisiones de siembra.
Durante el ciclo 2024/25, la plaga dio un respiro, sin embargo, este año, y pese al frío, en las zonas endémicas del norte argentino las poblaciones siguen siendo importantes.
Chicharrita del maíz. Aapresid.
Hasta aquí, estaba instalado que las heladas eran las únicas aliadas contra la chicharrita y que había que «pasar el invierno», pero según Aapresid (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa), investigaciones recientes demostraron que, si bien contribuyen a frenarla, el insecto tiene estrategias biológicas para sobrevivir al frío, como la acumulación de reservas de energía y ciclos reproductivos que se ponen en pausa hasta que detectan la presencia de los primeros maíces.
Cómo frenar a la chicharrita
«La clave no es una receta única, sino un manejo integrado y regional basado en cortarles los caminos», explicaron desde la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid. En primer lugar, se deben eliminar los puentes verdes. «El verdadero factor de mortalidad de la plaga es el hambre, es decir, la ausencia prolongada de su único alimento en el paisaje», explicaron los técnicos. Por eso, es clave controlar maíces voluntarios o guachos durante el invierno para cortar el ciclo biológico de la plaga y obligarla a consumir sus reservas energéticas.
Además, es clave mantener un vacío sanitario o veda de maíz en la región de al menos tres meses. Para eso, en las zonas endémicas como el NEA (noreste) y el NOA (noroeste), se deben respetar y concentrar las fechas de siembra, evitando las siembras tempranas o escalonadas que favorecen que las chicharritas salten de un lote a otro.
Monitoreo de chicharrita de Dalbulus maidis.
«Coordinar las ventanas de siembra entre productores de la misma zona es fundamental. La utilización de híbridos tolerantes adaptados a cada zona es una práctica obligada, así como el tratamiento de semillas y el monitoreo del cultivo desde el minuto cero, en especial en zonas de alto riesgo, en lotes tempranos y en bordes próximos a maíces desarrollados», advirtieron desde Aapresid.
Asimismo, el uso de trampas es esencial para anticipar la presencia y movimientos del vector. «El partido no se gana mirando sólo el marcador de capturas. Contabilizar muchos individuos en las trampas no necesariamente es sinónimo de mayor riesgo, es fundamental conocer los niveles de infectividad», indicaron los especialistas de la REM, factor que varía mucho por regiones. Y toda estrategia de manejo integrado debe planificarse entendiendo la interacción entre el clima, la biología del insecto y la disciplina colectiva en el lote.


