La plaga que deforma el girasol y puede arruinar gran parte de la cosecha

La mosquita del capítulo vuelve a preocupar en las zonas productoras de Bolivia. Su ataque ocurre cuando se forman los granos y puede provocar pérdidas importantes si no se detecta a tiempo.

La mosquita del capítulo volvió a convertirse en una de las principales amenazas para los lotes de girasol en el este de Bolivia. El insecto ataca durante una fase crítica del cultivo y sus larvas dañan directamente los tejidos donde se desarrollan los granos, provocando deformaciones en el capítulo y pérdidas de rendimiento que pueden afectar la rentabilidad de la campaña.

Los monitoreos realizados en diferentes zonas productoras permitieron detectar la presencia de larvas en plantas que transitaban el inicio de la etapa reproductiva. Técnicos y agricultores coinciden en que actuar antes de la postura de huevos resulta mucho más efectivo que intentar controlar la plaga cuando las larvas ya ingresaron al capítulo.

El mayor daño no lo provoca el insecto adulto, sino las larvas que nacen pocos días después de la oviposición. Una vez dentro del capítulo comienzan a alimentarse de los tejidos internos y de las semillas en desarrollo, interrumpiendo el crecimiento normal de la planta.

Como consecuencia, el capítulo pierde su forma habitual, se contrae y aparecen sectores donde los granos nunca llegan a desarrollarse. En ataques severos, una parte importante de la producción queda inutilizada, reduciendo tanto el rendimiento como la calidad comercial del cultivo.

La detección temprana representa uno de los mayores desafíos, ya que las larvas son muy pequeñas y permanecen protegidas dentro del capítulo. Por ese motivo, las inspecciones visuales frecuentes y el uso de lupas durante el monitoreo permiten identificar la presencia del insecto antes de que el daño sea irreversible.

El período de mayor riesgo coincide con la formación del capítulo y el inicio de la floración. En esa etapa la mosquita adulta encuentra las condiciones ideales para depositar sus huevos y completar su ciclo biológico.

Los especialistas recomiendan recorrer los lotes de forma periódica para identificar la presencia del insecto adulto y evaluar el estado sanitario de los capítulos. Una vez que las larvas penetran en la estructura floral, las alternativas de manejo disminuyen considerablemente porque permanecen protegidas dentro de los tejidos vegetales.

Las condiciones de temperatura y humedad también influyen en el desarrollo de la plaga. Ambientes favorables pueden acelerar su reproducción y aumentar la presión sobre los cultivos durante pocas semanas.

El manejo de la mosquita del capítulo requiere una estrategia preventiva basada en el seguimiento permanente del cultivo. Las recomendaciones incluyen inspecciones semanales durante la etapa reproductiva, eliminación de plantas voluntarias y aplicación de medidas de manejo únicamente cuando los monitoreos indiquen riesgo económico.

El Manejo Integrado de Plagas (MIP) también aconseja combinar controles culturales, monitoreo y decisiones técnicas para disminuir la presión del insecto sin generar aplicaciones innecesarias.

Con el crecimiento de la superficie sembrada con girasol en distintas regiones de Bolivia, mantener un seguimiento sanitario constante será determinante para proteger el potencial de rendimiento y evitar pérdidas que, en algunos lotes, pueden resultar significativas.

Fuente: Agrolatam

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