Agosto comenzó igual que terminó julio: con largas filas en los surtidores, denuncias de racionamiento, vehículos varados durante días y un abastecimiento que continúa sin normalizarse.
A un mes de la crisis por la escasez de diésel, los anuncios del Gobierno para regularizar el suministro aún no se reflejan en las estaciones de servicio, mientras el impacto económico se profundiza y alcanza al transporte, las exportaciones y el sector productivo.
En Santa Cruz, la falta de combustible volvió a evidenciarse desde el primer día de agosto. En la zona de Polanco, decenas de camiones, buses y vehículos de alto tonelaje permanecieron estacionados durante dos y hasta tres días a la espera de la llegada de diésel. Muchos conductores aseguraron que deben dormir dentro de sus unidades para no perder su lugar en la fila.
La situación también golpea al transporte de pasajeros. Dirigentes del sector afirman que apenas el 50% de los buses logra operar con normalidad, debido a que gran parte de la flota permanece haciendo filas para abastecerse. La consecuencia es una reducción en las frecuencias, retrasos en las salidas y perjuicios tanto para las empresas como para los usuarios.
A las filas se suman denuncias de presunto racionamiento. Un productor agropecuario difundió un video en el que asegura haber esperado dos días para cargar combustible en un surtidor del tercer anillo de Santa Cruz. Según su testimonio, pese a estar registrado en la plataforma de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) para adquirir 120 litros en un turril, el surtidor únicamente le autorizó la venta de 20 litros.
«Estoy dos días haciendo cola. Tengo gente esperándome en el campo, zafreros y trabajadores, y solo quieren cargarme 20 litros cuando la ANH dice que puedo cargar 120», reclamó el ciudadano, quien pidió que el caso sea investigado.
Las denuncias también llegan desde La Paz. El presidente de la Cámara de Transporte de La Paz, Álvaro Ayllón, sostuvo que el sector sospecha que parte del diésel subvencionado estaría siendo desviado hacia zonas auríferas, donde el combustible alcanzaría precios de entre Bs 25 y Bs 30 por litro, muy por encima del precio oficial.
Según el dirigente, este margen de ganancia incentiva a personas a realizar filas durante varios días para luego revender el combustible. Además, cuestionó la labor de la ANH y afirmó que los controles para evitar estos desvíos son insuficientes.
Impacto económico
La crisis ya dejó de ser un problema exclusivo de los surtidores. El transporte pesado internacional informó que redujo hasta en un 60% sus operaciones, debido a la imposibilidad de abastecer sus unidades de manera regular. El sector advierte que la situación provoca incumplimientos de contratos, multas y pérdidas millonarias para las empresas transportistas.
La logística del comercio exterior también comienza a resentirse. Exportadores alertaron que la falta de diésel ralentiza el traslado de mercancías hacia los puertos del Pacífico, generando retrasos en los despachos y mayores costos para las empresas bolivianas.
En el sector agropecuario, la escasez también preocupa. Productores sostienen que las demoras en el abastecimiento afectan el traslado de maquinaria y el desarrollo de las actividades agrícolas y de la zafra, en momentos clave para la producción.
Sin señales de normalización
Durante julio, YPFB atribuyó las dificultades en el suministro a problemas logísticos relacionados con el transporte de cisternas y aseguró que el abastecimiento se normalizaría progresivamente. Sin embargo, al comenzar agosto, la realidad en los surtidores continúa siendo la misma.
Las filas persisten en las principales ciudades, los tiempos de espera se mantienen entre dos y tres días y las denuncias por restricciones en la venta de combustible aumentan. Mientras tanto, transportistas, productores y exportadores coinciden en que la crisis del diésel ya no solo afecta la movilidad, sino que comienza a reflejarse en la actividad económica del país.
Tras un mes sin una solución efectiva, la normalización del suministro sigue siendo una promesa pendiente.
Fuente: El Deber


