PROINPA fortalece la agricultura familiar y la resiliencia de comunidades indígenas de la Chiquitana

Comunidades indígenas impulsan sistemas de producción de alimentos que fortalecen la seguridad alimentaria y generan oportunidades de ingresos en comunidades vulnerables.

La Chiquitanía es un territorio particularmente vulnerable a los efectos del cambio climático y a los incendios forestales, que en los últimos años ha provocado la pérdida de recursos naturales y de fuentes tradicionales de alimentación. Esta situación ha puesto en evidencia la necesidad de diversificar y adaptar las estrategias de subsistencia de las comunidades, fortaleciendo sus capacidades para responder a escenarios adversos y avanzar hacia medios de vida más resilientes.

En respuesta a este contexto, a través del proyecto Mercados Inclusivos, implementado por la Fundación PROINPA en alianza con Swisscontact, se ha brindado asistencia técnica e insumos a comunidades que tradicionalmente han basado parte de sus medios de vida en la caza, la recolección y el aprovechamiento de los recursos del bosque, promoviendo de manera complementaria el desarrollo de una producción agrícola sostenible.

El proyecto promovió la implementación y fortalecimiento de sistemas de agricultura familiar basados en la producción de hortalizas, maíz, yuca y plátano, cultivos que se adaptan a las condiciones de la región y que permiten a las familias aprovechar las tierras disponibles para producir sus propios alimentos.

El trabajo no se limitó a la entrega de material vegetal y semillas. PROINPA acompañó a las comunidades mediante capacitación, asistencia técnica y prácticas orientadas al establecimiento y manejo de los cultivos.

Mujeres que lideran la transformación productiva

Uno de los aspectos relevantes ha sido la participación activa y el liderazgo de las mujeres indígenas. Ellas han asumido un rol central en la organización de las actividades, toma de decisiones en cuanto a qué producir y con qué objetivo, establecimiento de parcelas, producción de hortalizas y cuidado de los cultivos, contribuyendo directamente a mejorar la disponibilidad y diversidad de alimentos en sus hogares.

Las nuevas capacidades adquiridas son compartidas entre familias, fortaleciendo las capacidades locales y creando las condiciones para que la producción pueda continuar y ampliarse de manera autónoma.

El proyecto ha trabajado en el fortalecimiento de la agricultura familiar en 28 comunidades de la Chiquitanía, incorporando la producción agrícola como una estrategia complementaria a sus medios de vida tradicionales, que contribuye a mejorar su seguridad alimentaria, diversificar sus actividades productivas y fortalecer su capacidad de respuesta frente a situaciones adversas.

De producir para alimentarse a producir también para generar ingresos

En una primera etapa, la producción está orientada principalmente al autoconsumo familiar, incrementando la disponibilidad de alimentos frescos y variados. Hortalizas como el tomate, pimentón, berenjena y lechuga, pasan a complementar la alimentación tradicional y contribuyen a mejorar la seguridad alimentaria de las familias.

Sin embargo, el potencial de la agricultura familiar va más allá. A medida que las parcelas aumentan su producción, las familias tienen la posibilidad de comercializar los excedentes en mercados locales y comunidades cercanas, generando pequeños ingresos que pueden destinarse a cubrir otras necesidades de la familia.

De esta manera, la agricultura se convierte progresivamente en una alternativa complementaria a las actividades tradicionales y permite diversificar las fuentes de sustento de las comunidades.

Adaptación y resiliencia desde el territorio

La experiencia desarrollada en la Chiquitanía muestra que fortalecer la agricultura familiar puede constituirse en una importante estrategia de adaptación frente a los cambios ambientales y económicos que enfrentan los pueblos indígenas.

Contar con conocimientos y capacidades para producir alimentos, disponer de cultivos diversificados y generar excedentes comercializables fortalece la resiliencia de las familias e incrementa su capacidad de respuesta frente a eventos extremos como incendios, sequías o la disminución de los recursos del bosque.

El trabajo desarrollado en el marco de Mercados Inclusivos muestra que la recuperación después de una crisis también puede convertirse en una oportunidad. Hoy, mujeres, familias y líderes indígenas de la Chiquitanía están dando pasos hacia una agricultura que produce alimentos, genera oportunidades económicas y fortalece su capacidad para enfrentar un futuro cada vez más desafiante.

Fuente: PROINPA

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