ANAPO valoró la mejora en las exportaciones de soja, aunque reclama una apertura permanente que permita sumar compradores y dar previsibilidad al productor.
La autorización para exportar 800.000 toneladas de soja mejoró la operatoria comercial en Bolivia, pero los productores de oleaginosas consideran que una habilitación puntual ya no alcanza. La Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO) reclamó avanzar hacia una liberación plena y permanente de las exportaciones agrícolas, respaldada por una normativa que permita al sector planificar sus ventas y negociar con mayor previsibilidad.
El planteo pone nuevamente en discusión uno de los factores que condicionan las decisiones comerciales del agro boliviano: la posibilidad de acceder al mercado internacional sin depender de autorizaciones administrativas. Para ANAPO, contar con reglas estables permitiría ampliar la cantidad de potenciales compradores de la producción y generar mayor competencia, especialmente en un cultivo de fuerte peso económico como la soja.
Jaime Hernández, gerente de la entidad, reconoció que la habilitación de las 800.000 toneladas significó un avance y permitió agilizar considerablemente los procedimientos operativos. Sin embargo, sostuvo que esas mejoras deberían transformarse ahora en una política con respaldo normativo, de manera que los productores conozcan de antemano las condiciones bajo las cuales podrán comercializar sus cosechas fuera del país.
Más compradores para mejorar la capacidad de negociación
El argumento central de ANAPO es económico. La entidad sostiene que el productor obtiene mejores condiciones cuando dispone de diferentes alternativas para colocar su cosecha. Una mayor cantidad de compradores, tanto nacionales como internacionales, amplía las posibilidades de negociación y evita que la comercialización quede concentrada en un número reducido de destinos.
«Para el productor lo mejor siempre es poder tener diversas alternativas a quién poder venderle su producción«, afirmó Hernández. Desde la organización advierten que mantener restricciones puede desalentar el ingreso de compradores internacionales interesados en la soja boliviana y, como consecuencia, limitar la competencia por el grano disponible.
La discusión excede, por lo tanto, el volumen autorizado recientemente. Aunque 800.000 toneladas representan una habilitación relevante, el pedido apunta a modificar el mecanismo mediante el cual se determina si la producción agrícola puede acceder al exterior. ANAPO pretende que la apertura deje de depender de decisiones administrativas sucesivas y quede establecida mediante una norma específica.
Para los agricultores, esa diferencia puede incidir incluso antes de levantar la cosecha. Conocer anticipadamente las posibilidades de comercialización permite evaluar mercados, compradores y condiciones de venta con un horizonte más amplio. La previsibilidad exportadora pasa así a formar parte de las variables utilizadas para tomar decisiones productivas y comerciales.
ANAPO pide que la apertura quede garantizada por decreto
La organización propone que el Gobierno avance con un decreto que establezca claramente la liberación de las exportaciones agrícolas. Hernández sostuvo que las mejoras administrativas deben ser acompañadas por «seguridad y certidumbre», dos condiciones que, según la entidad, solamente pueden consolidarse mediante una normativa que defina reglas permanentes.
La preocupación del sector está vinculada también con el interés de nuevos compradores. Según ANAPO, cuando existen restricciones o incertidumbre respecto de la posibilidad de exportar, potenciales demandantes internacionales pueden perder incentivos para participar del mercado boliviano. Para la soja, sumar destinos y operadores podría incrementar las alternativas disponibles al momento de vender la producción.
El reclamo no desconoce los avances recientes. La propia entidad destacó que los procedimientos mejoraron después de autorizarse el volumen exportable de soja. La diferencia está en el horizonte: mientras la habilitación de 800.000 toneladas resuelve parte de la operatoria actual, los productores pretenden disponer de una regla que continúe vigente para las próximas decisiones comerciales.
ANAPO mantiene así su pedido de una apertura plena que abarque las exportaciones agrícolas y no dependa exclusivamente de autorizaciones específicas. Para el sector oleaginoso boliviano, el próximo paso será determinar si la mejora operativa registrada con la soja deriva finalmente en el cambio normativo que reclama la entidad para competir por compradores dentro y fuera del país.
Fuente: AgroLatam.


