La cadena de la soja de Brasil teme que las nuevas regulaciones contra la deforestación de la Unión Europea (EUDR) podrían limitar sus exportaciones al bloque, creando una oportunidad para su competidor Argentina, cuya industria dice que está mejor posicionada para cumplir con las nuevas normas.
Brasil es el mayor proveedor de la harina usada como alimento animal de la Unión Europea (UE). El año pasado la mitad de las importaciones del producto del bloque provino del país sudamericano, según datos de la Federación de Manufactureros Europeos de Alimento (FEFAC).
En el 2025, Brasil exportó un récord de 23,3 millones de toneladas de harina de soja a la UE, según datos oficiales.
A partir del 30 de diciembre, la EUDR requerirá a importadores demostrar que sus productos no tienen vínculos a tierras deforestadas, con penalidades significativas por incumplimiento.
En Brasil, vastas tierras rurales en estados del centro y noreste fueron desarrolladas en ecosistemas deforestados en las últimas décadas, mientras que las zonas agrícolas más importantes de Argentina se encuentran en las llanuras pampeanas, donde productores cultivan hace más de un siglo.
La EUDR está causando temores en el sector agrícola de Brasil, con FEFAC advirtiendo que requerimientos de trazabilidad bajo las nuevas reglas podrían excluir a hasta 4 millones de toneladas de harina de soja del mercado europeo, cerca del 17% de las exportaciones del producto de Brasil.
TRAZABILIDAD
Según el último informe de la FEFAC sobre cómo normas contra la deforestación podrían impactar en las cadenas de oferta, a Brasil se le otorgó la calificación de riesgo de «mediana», con Mato Grosso y otros estados enfrentando «vallas estructurales y logísticas» que podrían restringir la oferta.
Dante Romano, gerente de investigaciones de la corredora Max Agro, con sede en Rosario, explicó que productores en el centro de Brasil se encuentran a más de 2.000 kilómetros de puertos marítimos y que muchas veces deben mover sus granos entre camiones, barcazas y tren para llegar a las terminales de exportación, dificultando la trazabilidad.
Las granjas del corazón agrícola de Argentina en cambio se encuentran a no más de 350 kilómetros del polo portuario de Rosario, facilitando la trazabilidad, y haciéndola menos costosa.
Para Mauricio Buffon, presidente de la cámara agrícola brasileña Aprosoja, la nueva legislación apunta injustamente a Brasil.
«Los problemas ambientales de Brasil son mucho más pequeños que el tamaño de nuestra agricultura», dijo Buffon, que añadió que en algunas regiones esfuerzos de restauración ambiental se producen a medida de que se desarrollan nuevas tierras productivas.
La EUDR entrará en vigencia días antes de que Luiz Inacio Lula da Silva inaugure un nuevo mandato presidencial en Brasil, tras derrotar al candidato de derecha Flavio Bolsonaro, que había dicho que liberaría la producción de «barreras ambientales» y dejaría a agricultores «hacer lo que quieran» en sus tierras.
‘ARGENTINA ESTÁ LISTA’
Al sur de la frontera, el poderoso complejo agroindustrial de Argentina se posiciona para beneficiarse de cualquier disrupción a la que se enfrenten exportadores brasileros al intentar cumplir con las normas más exigentes de la UE.
«Nosotros perfectamente podemos completar esa brecha», dijo Gustavo Idígoras, presidente de la cámara de exportadores y procesadores de granos CIARA-CEC, haciendo referencia a potenciales recortes en las exportaciones de Brasil, que él calculó en entre 5 y 6 millones de toneladas de harina de soja.
«Argentina está lista», dijo Idígoras, que señaló que el sistema de trazabilidad VISEC del país, que sigue la cadena de la soja y carne bovina desde su producción hasta su embarque, está completamente operacional.
En su evaluación de riesgo, FEFAC otorgó a Argentina una calificación de riesgo «bajo», estimando que casi la totalidad de la producción de soja cumplirá con requerimientos EUDR en la primera mitad del 2027.
Romano dijo que Argentina podría capitalizar cualquier dificultad brasileña. Al mismo tiempo, Brasil puede expandir su participación en mercados alternativos en la medida que exportadores argentinos transfieren volúmenes para satisfacer la demanda europea, agregó.
Argentina es el mayor exportador internacional de harina de soja, embarcando cerca de 27 millones de toneladas del producto el año pasado, con cerca de un cuarto de las ventas yendo al Sudeste Asiático.
Las nuevas regulaciones se producen en un momento sensible en las relaciones entre la UE y el Mercosur, luego de que el bloque y el grupo comercial sudamericano alcanzaron un acuerdo de libre comercio provisional en mayo tras décadas de negociaciones.
Argentina y Brasil son miembros de Mercosur, junto a Uruguay y Paraguay, un proveedor clave de soja de la industria de molienda argentina.
La Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO) dijo que el país «cuenta con condiciones estructurales favorables» para cumplir con los requerimientos europeos. En la Región Oriental, el corazón sojero del país, un marco legal aprobado en 2004 impide la deforestación para uso agropecuario.
Como Argentina, Paraguay recibió una calificación de riesgo baja de la FEFAC.
(Reporte de Maximilian Heath en Buenos Aires, de Oliver Griffin en Sao Paulo y de Daniela Desantis en Asunción; Escrito por Maximilian Heath; Editado por Eliana Raszewski)
Fuente: finance.yahoo


