¿Se pueden ganar US$ 187 más por hectárea? La soja argentina aún tiene un 30% de rendimiento por descubrir

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La soja sigue siendo el cultivo insignia de la Argentina, pero su potencial productivo está lejos de aprovecharse al máximo. Así lo explicó el ingeniero agrónomo Guido Di Mauro, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), durante una entrevista con Agrofy News, en la que analizó las causas y las posibles soluciones para reducir la brecha de rendimiento, que hoy ronda el 30%

“Apenas la mitad de la superficie sojera  recibe algún tipo de fertilización y solo un 20% de los productores hace análisis de suelos. Eso significa que fertilizamos sin diagnóstico, lo que mantiene balances deficitarios”, advirtió.

Brechas que cuestan dólares

Los estudios realizados por Di Mauro y su equipo que la brecha entre lo que podría rendir la soja y lo que se logra es del 30%. Algo que se podría achicar si se optimizan las prácticas agronómicas.

“La brecha es la diferencia entre lo que el productor obtiene hoy y lo que podría lograr si mejorara su manejo”, explicó.

Entre los factores que inciden aparecen la fecha de siembra, la densidad y el grupo de madurez, pero uno de los puntos críticos es la nutrición del cultivo“Hay una necesidad clara de mejorar los niveles de fertilización. La soja responde al agregado de fósforo y azufre, no solo con más rendimiento, sino también con mejoras en la calidad del grano, algo que la industria valora”, señaló.

El diagnóstico que falta

La herramienta más simple y económica para orientar una fertilización eficiente sigue siendo poco utilizada.

“Menos del 20% de los productores hace análisis de suelo, cuando es clave para decidir cuánto y cuándo fertilizar. El costo del análisis es bajísimo, ronda los dos o tres dólares por hectárea, pero su impacto en la toma de decisiones es enorme”, destacó Di Mauro.

Por ejemplo, en la región núcleo los niveles de fósforo son bajos, y las dosis aplicadas de nutrientes no cubren los requerimientos, lo que limita directamente la producción.

En esa línea, remarcó que la falta de diagnóstico agronómico lleva a aplicar fertilizantes “a ciegas”, lo que mantiene suelos empobrecidos y reduce la sustentabilidad del sistema.

“Argentina es uno de los principales productores de soja del mundo, sin embargo, enfrentamos la necesidad de reducir esta brecha de rendimiento mediante mejoras en la nutrición del suelo y la adopción de tecnología”, afirmó.

La brecha de rendimientos de la soja en Argentina no depende exclusivamente del clima, la genética o la fecha de siembra, sino también de la gestión de la nutrición del cultivo. El desafío actual es aprovechar la sinergia entre estas prácticas para aumentar el rendimiento.

En este contexto, Di Mauro presentó casos prácticos que demostraron cómo una adecuada fertilización puede incrementar significativamente los rendimientos actuales, tanto en soja como en otros cultivos. Además, destacó que no solo se mejora el rendimiento, sino que también podría mejorar la concentración de proteína en los granos, un factor crucial para la industria de procesamiento de soja. “La calidad y concentración de proteína son fundamentales para la industria del procesamiento de soja que genera productos de valor”, indicó.

Di Mauro recordó que la soja argentina se expandió apoyada en la fertilidad natural de los suelos, lo que permitió altos rendimientos sin fertilización durante décadas. “Esa ventaja inicial se transformó en una debilidad: hoy tenemos balances negativos de nutrientes y suelos que muestran signos de agotamiento”, advirtió.

En sus conclusiones, Di Mauro destacó:

  • Uso insuficiente de nutrientes: en muchos lotes las dosis aplicadas están por debajo -a veces nulos- de lo que la soja requiere.
  • Oportunidades de adopción tecnológica: solo 3 de cada 10 productores alcanzan un nivel “alto” de adopción tecnológica.
  • El límite del diagnóstico: la brecha no depende únicamente de clima, genética o fecha de siembra, sino también de un bajo aporte de nutrientes y de la falta de análisis de suelo.
  • Potencial estratégico: mejorar la nutrición permitiría elevar rendimiento y calidad hasta los máximos observados en productores de punta o en ensayos experimentales.

Rentabilidad positiva

Si bien el costo de los fertilizantes suele verse como una barrera, distintos ensayos muestran que la respuesta económica es favorable. “Hay trabajos que demuestran que una mejor nutrición no solo aumenta el rinde, sino también el margen bruto”, explicó.

Como ejemplo, mencionó un estudio del investigador Diego Rotili, en La Pampa, que comparó fertilizaciones típicas e intensivas en distintas rotaciones. “Encontraron respuestas positivas en todos los casos, con márgenes que llegaban hasta los US$ 187 por hectárea”, indicó.

Más rotaciones, menos soja sobre soja

El manejo del suelo no termina en la fertilización. La rotación de cultivos también influye en el rendimiento de la soja. “Los lotes que vienen de maíz muestran menores brechas que los de soja sobre soja”, detalló Di Mauro.

La buena noticia es que la proporción de monocultivo de soja viene bajando. “Con datos de Córdoba y Santa Fe, vimos que hay un 40% menos de soja sobre soja y más soja sobre maíz. Es una señal positiva para la sustentabilidad y la productividad”, concluyó.

Fuente: Agrofy

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