La Dra. Luciana de la Fuente de Diez Canseco, presidenta ejecutiva de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), explica cómo la ciencia y la innovación pueden transformar la biodiversidad peruana en fuente de nutrición, salud y desarrollo sostenible.

Desde la investigación con superalimentos andinos y amazónicos hasta la creación de cosméticos naturales basados en biotecnología, la USIL impulsa un modelo de investigación aplicada que busca combatir la desnutrición, fortalecer la seguridad alimentaria y dignificar el trabajo de los agricultores peruanos.

 Dra. De la Fuente, ¿cómo nació la idea de promover cultivos nativos como el tarwi dentro de la universidad y qué la motivó personalmente a liderar este esfuerzo?

─ Soy una convencida de que la mayor riqueza del Perú es su biodiversidad, aún poco conocida y aprovechada. Dentro de ella, la agrobiodiversidad constituye la base de nuestra seguridad alimentaria. Como doctora en Nutrición, siempre me ha preocupado la desconexión entre lo que producimos y lo que consumimos. Por eso, desde la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), decidimos promover la investigación e innovación aplicada a nuestros cultivos nativos, revalorando los productos andinos y amazónicos.

Superalimentos contra la desnutrición

 ¿El objetivo es contribuir a combatir el hambre y la desnutrición en el país?

─ Exactamente. Desde la academia queremos aportar activamente a la lucha contra la anemia y la desnutrición. Según la última Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES 2024), el 43.7 % de los niños menores de tres años sufre anemia y el 12.1 % de los menores de cinco, desnutrición crónica. Lo paradójico es que estas cifras son más altas en regiones que cultivan superalimentos como Huancavelica, Cajamarca, Puno, Amazonas o Cusco, donde abunda la biodiversidad, pero falta educación alimentaria.

─ ¿A qué se debe esa paradoja?

─ Principalmente al desconocimiento sobre los beneficios nutricionales y medicinales de nuestros superalimentos. A pesar de tenerlos al alcance, muchas familias no los incorporan en su dieta por falta de educación alimentaria. No se trata solo de producir, sino de saber cómo aprovechar lo que la tierra nos da. Esa brecha de conocimiento limita el consumo y el valor que les damos a nuestros propios alimentos.

El rol de la universidad

 ¿Cuál debe ser el papel de las universidades frente a esta realidad?

─ La investigación científica puede ser un puente entre la riqueza natural del país y la salud de su gente. Apostar por nuestros superalimentos es apostar por la nutrición, la sostenibilidad y la dignidad de los agricultores que los preservan. En USIL lo hacemos también a través de los Récord Guinness de Superalimentos, con los cuales destacamos productos emblemáticos de las regiones. Ya sumamos trece récords alcanzados.

La innovación está en lo nuestro

 ¿Qué significa revalorar productos nativos en un contexto dominado por alimentos procesados?

─ Es una tarea urgente y una responsabilidad colectiva. Volver la mirada a nuestros productos nativos es recuperar equilibrio, identidad y salud. Revalorizar lo nuestro implica promover una alimentación más consciente, natural y sostenible, y enseñar a las nuevas generaciones que la verdadera innovación muchas veces está en redescubrir lo que ya tenemos: alimentos llenos de historia y poder nutricionalSin embargo, en muchas regiones del país, la canasta familiar sigue dominada por productos procesados o de bajo valor nutricional. No podemos seguir alimentándonos principalmente de fideos cuando poseemos una despensa natural excepcional: papas nativas, menestras y leguminosas altoandinas que ofrecen proteínas, hierro y energía de alta calidad. Incluir nuestros superalimentos en la canasta familiar es también una forma de dignificar el trabajo del agricultor peruano y fortalecer nuestra seguridad alimentaria.  La biodiversidad del Perú es una fuente inagotable de innovación.

De la ciencia al desarrollo

 ¿Qué resultados concretos ha logrado la universidad con las investigaciones en cultivos nativos?

─ Hemos desarrollado una sólida línea de investigación e innovación tecnológica con el propósito de generar alimentos funcionales, nutracéuticos y cosméticos naturales. Creamos el Instituto de Ciencias de los Alimentos y Nutrición (ICAN USIL), con tres centros especializados en química, inmunología y microbiología de alimentos. Entre los proyectos más destacados están Biotarwi y HP-Quinua, ganadores de fondos de ProCiencia del Concytec y actualmente en fase de desarrollo. También investigamos cultivos como con aplicaciones en salud metabólica, cosmética natural y prevención de enfermedades, como el aguaje y el camu camu (para prevenir enfermedades degenerativas), el sinami o sinamillo (similar al huasaí, para la extracción de aceite funcional), el cacao (por sus propiedades antioxidantes) y el sacha inchi (elaboración de cremas dermocosméticas). Estos proyectos consolidan a la USIL como una universidad que convierte la biodiversidad peruana en innovación científica con impacto real. Desde sus laboratorios, se genera conocimiento aplicado y se desarrollan productos con potencial de transferencia tecnológica, capaces de aportar valor social, económico y sostenible al país. En resumen, las investigaciones de USIL —desde el ICAN hasta el CITIC— buscan integrar ciencia, salud y sostenibilidad, impulsando una nueva generación de productos multifuncionales que fortalezcan la seguridad alimentaria, la biotecnología y el bienestar de las personas, dentro y fuera del país.

Ciencia que nutre la piel

 ¿Cómo se integran estas investigaciones con otras áreas como la cosmética o la salud?

─ A través del Centro de Investigación, Tecnología e Innovación Cosmética (CITIC USIL), promovemos la biotecnología basada en la biodiversidad peruana. Bajo la premisa de que “la piel también se alimenta”, desarrollamos productos con compuestos bioactivos de superalimentos. Un ejemplo es la crema dermocosmética de Aceite de Súper Sacha Inchi (Plukenetia huayllabambana), rico en Omega 3 y 6, eficaz para aliviar los efectos de la radioterapia y la quimioterapia.

Cerrar brechas con ciencia aplicada

 ¿Por qué el Perú no aprovecha plenamente su biodiversidad?

─ Por la falta de articulación en la investigación, entre la empresa y el Estado; escasa infraestructura tecnológica y poca difusión científica. Los CITEs son clave para acercar la innovación a los pequeños productores. Además, los fondos públicos deben llegar tanto a universidades públicas como privadas, para generar un impacto real. En USIL buscamos cerrar esas brechas con investigación aplicada que conecte laboratorios, comunidades y empresas.

 ¿Qué hacer para que los productos nativos sean más consumidos en el país y ganen espacio en la industria alimentaria o cosmética?

─ En primer lugar, brindar toda la información sobre las propiedades nutritivas de los cultivos nativos al consumidor. En segundo lugar, impulsar el desarrollo industrial con tecnología limpia y sostenible e implementar estándares y certificaciones que garanticen los beneficios funcionales o cosméticos de estos productos. En tercer lugar, fortalecer la articulación entre la universidad y la empresa, para llevar los resultados de laboratorio a la producción a gran escala. Desde la USIL impulsamos un modelo de investigación colaborativa, articulando esfuerzos con ProCiencia, instituciones públicas y privadas, y productores locales. El propósito es transformar el conocimiento científico en productos reales, sostenibles y competitivos, capaces de insertarse en los mercados nacional e internacional.

Desafíos y políticas públicas

 ¿Qué políticas o alianzas podrían fortalecer este proceso?

─ Necesitamos políticas que impulsen la investigación aplicada, fondos continuos y la triple hélice entre universidad, empresa y Estado. La ciencia debe convertirse en valor tangible para el país. En USIL contamos con una planta de ingeniería agroindustrial que permite transformar la biodiversidad en ingredientes de alto valor, evaluados en laboratorios y validados en estudios clínicos.

El futuro de los superalimentos

─ ¿Qué cultivos nativos tienen mayor potencial para el futuro?

─ Nuestros Andes y Amazonía son verdaderos laboratorios naturales. La quinua y el tarwi destacan como bases proteicas para alimentos funcionales. El aguaje, el camu camu y el cacao son fuentes excepcionales de antioxidantes, y el sacha inchi y el sinami proveen aceites de alta pureza, ideales tanto para la salud como para la cosmética natural. El reto es unir ciencia, sostenibilidad y bienestar humano, convirtiendo nuestra biodiversidad en motor de desarrollo.

Fuente: AGRO PERU

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