Argentina: La fórmula para crecer en carne vacuna

Sistemas productivos más estables, con un adecuado complemento entre campos y corrales y un objetivo común claramente definido: aumentar la producción de carne por cada animal que integra el stock

En la ganadería argentina es necesario reacomodar los tantos, ahora que parecen haber quedado atrás los tiempos en que el Estado arruinaba todos los planes de progreso. Para los técnicos del Rosgan, en períodos de retención, como los que se espera observar en los próximos años, el número de vientres útiles y su participación dentro del rodeo total deberían tender a incrementarse. En caso de que este proceso se desarrolle sin retrocesos significativos y con una leve mejora en la tasa de procreola disponibilidad de terneros para compensar la extracción será mayor.

Y si en paralelo al aumento en la producción de terneros, se logran afianzar cambios en los sistemas productivos, orientados a reducir los períodos de engorde y a incrementar los kilos obtenidos por animal en stock, la ganadería de nuestro país quedará sólidamente posicionada para avanzar hacia su tantas veces postergado despegue.

Hasta acá, la Argentina mantiene una producción de carne vacuna que no ha logrado alejarse demasiado de los 3 millones de toneladas, sin grandes cambios en los últimos años. Es un escenario coherente con una actividad castigada por el intervencionismo estatal durante décadas. Ahora los tiempos parecen haber cambiado, el camino tiene menos trabas para ir hacia delante con los volúmenes logrados año tras año, pero la actividad ha perdido una parte importante de sus existencias y la faena de hembras sigue siendo muy alta, especialmente en vaquillonas.

Desde el Rosgan desmitifican un viejo axioma, y aseguran que la clave para crecer en producción de carne vacuna no pasa por reducir la tasa de extracción. Antes bien, hay que generar las condiciones para que esta tasa pueda ser incluso más elevada, sin que ello produzca efectos adversos sobre el rodeo nacional. Y citan como ejemplo a Estados Unidos y Australia, que operan con tasas de extracción cercanas al 35%, mientras aquí se ubican algo por encima del 26%, producto de una faena anual de 13.6 millones de cabezas sobre un stock de 51.6 millones de bovinos.

Ambos competidores en la arena global presentan mayores tasas de procreo y destete que las registradas aquí, pero también logran una mayor productividad por cada bovino enviado a faena. Por cierto, animales más pesados y con mejores tasas de conversión permiten una relación más eficiente entre el nivel de faena y la producción de carne en función del stock disponible. Para la Argentina, por segundo año consecutivo, se registró en 2025 una recuperación gradual de los pesos medios de faena, junto con un mayor ingreso de animales más jóvenes, tanto machos como hembras. Pero todavía no es suficiente.

Muchos estaban convencidos de que el proceso de retención tendría lugar durante 2025, pero los datos oficiales aún no confirman este escenario, y la sensación es que sigue siendo una asignatura pendiente. El año pasado la faena anual se redujo apenas un 2,5% respecto de 2024. Si bien la tasa de extracción muestra una leve caída frente a los dos últimos ciclos, no es posible puede asegurar que se ha iniciado la reconstrucción del rodeo nacional.

La cuenta es preocupante. En caso de que el número de terneros nacidos se mantenga estancado entre 14,5 y 15,0 millones de cabezas, los ingresos al sistema representan, como máximo, el 28% del stock. Si a la tasa de extracción del 26% o 27%, se le suma la mortandad, se llega a un balance claramente deficitario para el inventario bovino en el país.

El año pasado la ganadería argentina generó una producción total de carne en torno de los 3,14 millones de toneladas de res con hueso. El peso promedio por res superó los 231 kilos, lo que representa 3 kilos más que en 2024 y 5 kilos más que en 2023. Al mismo tiempo, se observó un incremento en la faena de animales de dos dientes dentro de las categorías jóvenes, tanto en vaquillonas como en novillos y novillitos. En los últimos dos años, su participación aumento entre 1 y 2 puntos porcentuales, con una recuperación de entre 3 y 4 kilos promedio en el peso de res.

Estos resultados reflejan un cambio alentador en los sistemas de producción, impulsado en gran medida por el rol creciente de los procesos de recría. Algo similar está ocurriendo en Uruguay: menor edad a la faena y animales más pesados. El análisis señala que este cambio obedece a un mayor uso de grano, ganancias de peso más elevadas y una relación insumo/producto ampliamente favorable.

La cuenta es preocupante. En caso de que el número de terneros nacidos se mantenga estancado entre 14,5 y 15,0 millones de cabezas, los ingresos al sistema representan, como máximo, el 28% del stock. Si a la tasa de extracción del 26% o 27%, se le suma la mortandad, se llega a un balance claramente deficitario para el inventario bovino en el país.

El año pasado la ganadería argentina generó una producción total de carne en torno de los 3,14 millones de toneladas de res con hueso. El peso promedio por res superó los 231 kilos, lo que representa 3 kilos más que en 2024 y 5 kilos más que en 2023. Al mismo tiempo, se observó un incremento en la faena de animales de dos dientes dentro de las categorías jóvenes, tanto en vaquillonas como en novillos y novillitos. En los últimos dos años, su participación aumento entre 1 y 2 puntos porcentuales, con una recuperación de entre 3 y 4 kilos promedio en el peso de res.

Estos resultados reflejan un cambio alentador en los sistemas de producción, impulsado en gran medida por el rol creciente de los procesos de recría. Algo similar está ocurriendo en Uruguay: menor edad a la faena y animales más pesados. El análisis señala que este cambio obedece a un mayor uso de grano, ganancias de peso más elevadas y una relación insumo/producto ampliamente favorable.

Fuente: INFOBAE

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