Celso Amorim, asesor del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha evidenciado la diferencia en cuestiones normativas para la producción de carne entre el país americano y la Unión Europea (UE) que ha desembocado en el veto a Brasil a los pocos días de comenzar el trato con Mercosur.
«Brasil hizo un acuerdo con la UE buscando diversificar las relaciones y convivir en un mundo multipolar. En este caso, la UE crea un estándar que todos deben seguir. Eso no es posible», señaló Amorim, en referencia a la sanción impuesta a Brasil, que desde el 3 de septiembre figurará entre los estados para los que está vetada la importación de carne desde la UE.
La medida fue tomada por la institución del viejo continente después de que, tal y como advertían desde hace años los ganaderos, se comprobase que Brasil utiliza antimicrobianos en la producción cárnica, empleado para estimular el crecimiento de los animales.
El uso de estos medicamentos en animales contribuye a crear bacterias más resistentes y, en consecuencia, reducen la eficacia de los antibióticos en humanos, motivo por el cual no se permiten la UE. Desde el gobierno brasileño subrayan que «la medida ponga en duda el acuerdo, pero es una decepción».
El asesor presidencial insistió en que «no tiene sentido ser multilateral para unas cosas y unilateral para otras», en referencia a los estándares que la UE exige a los socios del Mercosur, sobre el papel los mismo que a los agricultores y ganaderos europeos. Amorim calificó las acciones restrictivas para la carne de Brasil como proteccionistas.
«Defendemos un comercio diversificado y amplio, pero no podemos olvidar que el proteccionismo siempre está al acecho», afirmó el excanciller, quien sostuvo que ese tipo de decisiones contradicen los principios del sistema multilateral de comercio. La medida de la UE, que entrará en vigor a partir del 3 de septiembre, impedirá que Brasil exporte al bloque europeo carne de pollo, huevos y otros productos de origen animal, un comercio que, según datos oficiales del país suramericano, ronda los 1.800 millones de dólares anuales (unos 1.550 millones de euros).
Según la normativa de la UE, no está permitido el uso de antibióticos en el ganado para aumentar su crecimiento o rendimiento, ni tampoco se pueden tratar los animales con los antimicrobianos reservados para infecciones humanas.
La Comisión Europea ha señalado de manera reiterada que la resistencia a los antibióticos es una de las mayores amenazas para la salud pública.
El Gobierno brasileño afirmó en un comunicado que tomará prontamente «todas las medidas necesarias para revertir esa decisión» y garantizar que no se interrumpa el flujo de las exportaciones de dichos productos.


