Bolivia quiere que su cacao premium también conquiste el negocio mundial

El crecimiento de las exportaciones abre una oportunidad para industrializar uno de los mejores granos del mundo. Bolivia posee un fruto silvestre de muy alto valor

Bolivia nunca competirá con los gigantes mundiales del cacao por volumen. Su fortaleza es otra: la calidad. Mientras Costa de Marfil, Ghana, Ecuador o Perú producen millones de toneladas al año, el país ganó un lugar en el segmento de los cacaos finos y de aroma, reconocidos por sus perfiles sensoriales y su origen silvestre. Ese prestigio vuelve hoy a reflejarse en las exportaciones, pero también plantea un desafío mayor: convertir un producto excepcional en una industria capaz de generar más riqueza.

El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) informó que las exportaciones de cacao y sus derivados alcanzaron los $us 11 millones en 2025, con un crecimiento del 379% en valor respecto al año anterior. Alemania encabezó las compras, seguida por Bélgica, Italia, Francia y Suiza, mercados donde la calidad pesa tanto como el precio. La oferta boliviana incluye cacao en grano, manteca, polvo y otros derivados, una señal de que el país empieza a ampliar su participación en la cadena de transformación.

Las cifras muestran una recuperación comercial, pero no explican por qué un país de producción relativamente pequeña consigue abrirse espacio en mercados tan exigentes. La respuesta está en el propio grano y en una riqueza genética que pocos competidores pueden ofrecer.

“Es un cacao silvestre que tiene toques sensoriales realmente maravillosos. No por nada está premiado como oro y plata a nivel mundial. Tiene perfiles maderables, cítricos y un porcentaje de grasa que le da esa cremosidad al chocolate. Es realmente perfecto nuestro grano de cacao”, afirma Susana Guerra, creadora de Chocolates Ruah.

Una parte de esa reputación proviene del cacao silvestre amazónico, que crece de forma natural en los bosques del norte boliviano. Esa diversidad genética permitió que muestras nacionales fueran distinguidas en distintas ediciones de los International Cocoa Awards, consolidando la imagen del país como productor de cacao fino y de aroma. Más que competir por cantidad, Bolivia encontró un nicho donde el origen y la calidad marcan la diferencia.

Sin embargo, el reconocimiento internacional no garantiza, por sí solo, una industria sólida. El verdadero negocio del cacao comienza cuando el grano se transforma en manteca, licor, polvo, chocolate y otros productos capaces de multiplicar varias veces el valor de la materia prima. Ahí es donde Bolivia todavía tiene un largo camino por recorrer.

Aunque el país comenzó a exportar más derivados, la mayor parte del cacao sigue saliendo como materia prima o con un procesamiento limitado. El mayor margen económico permanece en los países donde se industrializa.

Para Ricardo Sánchez de Lozada, gerente de Industrias Forestales Paitití, el potencial nacional aún está lejos de aprovecharse. “Hay grandes reservas de cacao silvestre en el país. Apenas se usa un porcentaje pequeño de todas estas reservas. Con incentivos para productores y transformadores se puede rescatar ese potencial y generar un gran impacto”, sostiene.

El ejecutivo considera que Bolivia posee una ventaja difícil de replicar: extensas áreas de cacao silvestre y una creciente demanda internacional por productos diferenciados. Pero advierte que ese patrimonio solo se traducirá en desarrollo económico si el país fortalece toda la cadena, desde la producción hasta la transformación industrial y la comercialización.

Organismos de cooperación que trabajan con el sector coinciden en ese diagnóstico. Jessica Agüero, gerente de portafolio de GIZ para Bolivia, Paraguay y Uruguay, sostiene que el país debe pasar de exportar materia prima a vender productos terminados con mayor valor agregado.

“Bolivia debe pasar de ser exportador de materia prima a exportar el producto ya diseñado con valor agregado. Coordinarnos para poder mejorar ese eslabón de cada parte, desde la producción hasta la venta, nos falta tecnología, es un tema que nosotros queremos apoyar. El potencial de Bolivia es bastante grande”, subrayó.

En la misma línea, Franz Miralles, director adjunto del proyecto Mercados Inclusivos de Swisscontact, considera que Bolivia no debe competir por volumen, sino posicionarse como productor de chocolate premium elaborado con cacao silvestre.

“Lo que tenemos que hacer es exportar producto terminado, no materia prima, porque en volúmenes de producción no tenemos mucho. Tenemos un cacao que nos diferencia, un cacao silvestre, porque en el mundo producen cacao cultivado, esa es nuestra ventaja competitiva y comparativa”, destacó.

La experiencia peruana demuestra que el valor del cacao no depende únicamente de la cosecha, sino de la capacidad para organizar la producción. Durante más de dos décadas Perú impulsó programas de asistencia técnica, certificaciones, organización de productores e inversiones para transformar el grano. Hoy exporta cada vez más manteca, licor, polvo y chocolate y consolida su presencia en los mercados internacionales.

Miralles enfatiza que al desafío de industrialización se suma la adaptación a nuevas exigencias internacionales y señala que la Unión Europea comenzará a aplicar desde 2027 su reglamento de no deforestación, que exigirá demostrar que los productos agrícolas exportados no provienen de áreas deforestadas después de 2021.

El desafío de avanzar hacia la transformación será uno de los ejes del Primer Encuentro Nacional del Cacao Boliviano, que reunirá del 13 al 15 de agosto a centenares de productores, autoridades y organismos de cooperación internacional, en Beni. El objetivo es articular políticas que fortalezcan toda la cadena, desde la producción hasta la industrialización.

“Esperamos que este sea el inicio de un trabajo conjunto donde podamos llevar el cacao boliviano a su máxima expresión. Su calidad fue reconocida a nivel internacional, ahora falta que lo volvamos un producto de alto nivel y que le demos el valor que realmente merece”, expresó la viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado.

Mientras Bolivia continúe vendiendo principalmente materia prima, buena parte de la riqueza seguirá generándose fuera de sus fronteras.

A considerar

– El 40% del cacao boliviano corresponde a variedades silvestres, un patrimonio genético que distingue al país en el mercado premium

– El 1% de las reservas de cacao silvestre del país se aprovecha actualmente, según los expertos del sector consultados

– Alemania lidera la demanda del cacao boliviano en los mercados más exigentes.

Fuentes: El Deber

Volver arriba