La Unión Europea prevé cerrar el mercado desde el 3 de septiembre por exigencias sobre antimicrobianos. Brasil negocia contrarreloj y analiza respuestas comerciales.
Brasil tiene menos de un mes para intentar evitar que la Unión Europea cierre desde el 3 de septiembre el ingreso de carne vacuna y otros productos de origen animal, después de que el bloque retirara al país de su lista de proveedores habilitados por considerar insuficientes las garantías presentadas sobre el control de antimicrobianos. Mientras continúan las conversaciones técnicas, el gobierno brasileño analiza alternativas diplomáticas, comerciales y legales ante una medida capaz de afectar uno de los mercados de mayor valor para sus proteínas animales.
La decisión europea fue formalizada en junio y alcanza, además de la carne bovina, a la carne aviar, equina, productos de la acuicultura, miel y tripas. La Comisión Europea argumentó que no recibió garantías suficientes de que Brasil aplicará, dentro del plazo establecido, las medidas necesarias para cumplir las nuevas exigencias del bloque sobre determinados medicamentos utilizados en animales destinados a la producción de alimentos.
La discusión no responde a la detección de un brote sanitario en el rodeo brasileño ni a un episodio puntual de carne contaminada. El conflicto está relacionado con las normas europeas destinadas a limitar determinados usos de antimicrobianos, particularmente aquellos empleados como promotores de crecimiento y sustancias reservadas por la UE para combatir infecciones en seres humanos.
Para Brasil, la diferencia es importante. El país busca demostrar que su sistema productivo puede ajustarse a las exigencias y evitar quedar afuera de un mercado donde la trazabilidad, la sanidad y los protocolos productivos tienen cada vez más peso sobre las condiciones de acceso.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería brasileño informó el 23 de julio que las negociaciones técnicas continuaban y aseguró que Brasil no pidió una flexibilización de las reglas sanitarias europeas, sino que trabaja para acreditar su cumplimiento. A esa fecha, las autoridades europeas todavía no habían emitido una respuesta concluyente sobre la documentación enviada por Brasil.
El 3 de septiembre se acerca y Brasil busca evitar el cierre del mercado
La fecha es el principal factor de presión. Si no existe una modificación antes del 3 de septiembre, Brasil quedará fuera de la lista de terceros países habilitados para enviar a la Unión Europea las categorías alcanzadas por la regulación.
El conflicto comenzó a escalar después de que la Comisión Europea retirara a Brasil de la lista de proveedores autorizados. Otros socios sudamericanos, entre ellos Argentina, Paraguay y Uruguay, permanecieron habilitados, una diferencia que también genera inquietud desde el punto de vista competitivo para la industria brasileña.
Brasil adoptó durante abril nuevas disposiciones para acercarse a los requisitos europeos. Una de ellas restringió antimicrobianos considerados esenciales para la medicina humana y otra prohibió su utilización como promotores de crecimiento. Sin embargo, los plazos previstos para agotar determinados stocks generaron diferencias con el calendario establecido por Bruselas.
Las normas europeas no prohíben de manera general el tratamiento de animales enfermos con antibióticos. El uso terapéutico bajo control veterinario continúa siendo posible. La preocupación está centrada en prácticas que puedan favorecer la resistencia antimicrobiana, un problema sanitario que la UE busca reducir tanto dentro de su territorio como entre los países que abastecen su mercado.
La discusión tiene además un componente económico considerable. Estimaciones difundidas en Brasil ubican cerca de US$2.000 millones anuales en exportaciones potencialmente expuestas al considerar las distintas categorías de productos alcanzadas por la decisión europea.
La carne vacuna ocupa un lugar especialmente sensible porque la Unión Europea, aunque no absorbe los mismos volúmenes que China y otros grandes compradores, representa un mercado relevante por el valor de los cortes comercializados y las exigencias que deben cumplir los establecimientos habilitados.
De la negociación sanitaria a una posible disputa comercial
El gobierno brasileño mantiene abierta la vía diplomática para intentar alcanzar una solución antes de septiembre. Sin embargo, el conflicto comenzó a trascender la discusión estrictamente técnica y Brasil ya analiza qué instrumentos podría utilizar si la restricción permanece.
Entre las alternativas mencionadas aparecen acciones diplomáticas, comerciales y jurídicas, incluidos los mecanismos internacionales disponibles para cuestionar restricciones que Brasil considere incompatibles con sus compromisos comerciales.
La posibilidad de recurrir a la Organización Mundial del Comercio (OMC) eleva el alcance de la disputa. Una controversia de este tipo obligaría a discutir si las condiciones exigidas por Europa constituyen una medida sanitaria legítima aplicada de manera consistente o si generan una barrera injustificada para los productos brasileños.
La cuestión también adquiere una dimensión particular por la relación entre el Mercosur y la Unión Europea. Brasil considera estratégico ampliar el comercio agroalimentario con el bloque, mientras Europa mantiene requisitos estrictos sobre sanidad, trazabilidad, bienestar animal y procesos productivos para permitir el ingreso de alimentos.
Para los frigoríficos y productores brasileños, una suspensión prolongada podría obligar a redistribuir parte de los embarques hacia otros destinos, mientras los competidores que continúan habilitados conservarían el acceso al mercado europeo. El efecto final dependerá tanto del tiempo que dure una eventual exclusión como de las categorías y volúmenes afectados.
Recuperar la autorización tampoco depende únicamente de una decisión brasileña. Una eventual reincorporación deberá atravesar los procedimientos técnicos de la Comisión Europea y recibir el aval correspondiente dentro del sistema comunitario.
Brasil llega así a las últimas semanas antes de una fecha que puede modificar parte de su comercio de proteínas animales. El 3 de septiembre dejó de ser solamente un plazo regulatorio: se convirtió en una cuenta regresiva para una de las mayores potencias exportadoras de carne del mundo.
Si las negociaciones técnicas consiguen destrabar el conflicto, los embarques podrán conservar un destino estratégico. Si no ocurre, la disputa por los antimicrobianos puede trasladarse desde los organismos sanitarios hacia el terreno comercial y diplomático, con la OMC entre las alternativas que Brasil mantiene sobre la mesa.
Fuente: AgroLatam


