A fines de julio de este año, el Ministerio de Comercio de China emitió una alerta oficial anunciando que Brasil había utilizado el 80% del cupo anual asignado.
Brasil, el mayor exportador mundial de carne vacuna, parece haber ingresado en un escenario en el que su propia fortaleza comienza, paradójicamente, a exponerlo a una mayor vulnerabilidad.
Un año atrás, Brasil atravesaba uno de los momentos más críticos de la feroz disputa político comercial desatada con Estados Unidos. Luego de haber abierto el juego de los aranceles recíprocos para decenas de proveedores, el presidente norteamericano.
Donald Trump, llegó a imponer al producto brasileño un arancel del 50% llevando la carga arancelaria
total para la carne vacuna a más del 76% lo que implicaba un virtual cierre de mercado, consignó el último infotme ROSGAN.
En aquel momento, se comenzó a especular con los efectos que tendría el inminente redireccionamiento de los embarques brasileños hacia mercados alternativos, con el consecuente impacto que ese mayor volumen disponible podría generar sobre los precios, dada la magnitud de los flujos involucrados.
A fines de noviembre, y tras arduas negociaciones con el gobierno brasileño, Estados Unidos terminó retirando el arancel adicional que gravaba el ingreso de carne bovina proveniente de Brasil, permitiendo la reanudación del comercio.
En lo que va de 2026, los envíos de carne vacuna brasileña a este mercado alcanzan unas 210.000 toneladas, marcando un crecimiento del 24% interanual.
Por su parte, China, que por aquel entonces operaba como una suerte de válvula de escape frente al endurecimiento de la posición de Estados Unidos, terminó generando un nuevo revés para Brasil.
En aquel momento, se comenzó a especular con los efectos que tendría el inminente redireccionamiento de los embarques brasileños hacia mercados alternativos, con el consecuente impacto que ese mayor volumen disponible podría generar sobre los precios, dada la magnitud de los flujos involucrados.
Hacia fines de 2025, y tras un largo período de investigación, el gobierno chino decidió implementar, por un lapso de tres años, un sistema de cuotas de importación, en cuya distribución Brasil, junto con Australia, quedó entre los países relativamente más perjudicados.
En este sentido, para todo 2026, Brasil recibió una cuota total de 1.106.000 toneladas, lo que significó un recorte del 24% respecto del volumen ingresado durante 2025, que alcanzó las 1.458.439 toneladas, según datos de la aduana de destino.
En efecto, a fines de julio de este año, el Ministerio de Comercio de China emitió una alerta oficial anunciando que Brasil había utilizado el 80% del cupo anual asignado.
El punto crucial es que, casi en forma paralela, Brasil enfrenta en lo inmediato otro frente adverso, nada menos que en el mercado europeo.
En mayo, pocos días después de haberse efectivizado el inicio del primer tramo del nuevo cupo comercial habilitado bajo el acuerdo UE-Mercosur, Brasil fue excluido de la lista de países habilitados para ingresar carne al bloque europeo.
Esta exclusión se realizó bajo el argumento de mantener internamente un sistema de control deficiente respecto del uso de productos antimicrobianos en su ganadería.
Si bien Brasil respondió de inmediato introduciendo modificaciones en su protocolo interno, la postura del bloque se mantiene intransigente, con fecha límite para la efectiva exclusión fijada para el próximo 3 de septiembre.
Más aún, dado que los requisitos exigidos respecto de la ausencia de estos promotores de crecimiento involucran toda la vida del animal, aun cu ndo Brasil lograra aprobar de manera inmediata las modificaciones implementadas en sus controles internos, la eventual
reanudación de las exportaciones podría verse condicionada por un lapso de hasta dos años, en función de los tiempos biológicos de producción.
Si bien durante las próximas semanas es probable que se intensifiquen las negociaciones destinadas a evitar una exclusión de este mercado, el riesgo sigue siendo elevado.
Fuente: NAP


