La soja suma un nuevo escudo: Brasil estrena una tecnología pionera contra hongos

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Brasil registró en agosto de 2026 su primer biofungicida desarrollado en el país y formulado 100% a partir de metabolitos para soja, una tecnología creada durante cinco años de investigación para combatir la antracnosis y la mancha foliar. El avance importa por el peso económico del cultivo y por la magnitud del riesgo sanitario: estas enfermedades pueden provocar pérdidas de rendimiento de hasta 40% en variedades susceptibles cuando las condiciones favorecen el desarrollo de los hongos.

La autorización representa además un salto tecnológico para la industria brasileña de bioinsumos. Aunque el país avanzó con rapidez en productos microbiológicos elaborados con hongos y bacterias vivos, el segmento basado exclusivamente en metabolitos permanecía principalmente abastecido por soluciones extranjeras. El nuevo desarrollo incorpora conocimiento generado localmente a un mercado que mueve miles de millones de dólares.

La tecnología fue registrada para el control de la antracnosis, causada por Colletotrichum truncatum, y la mancha foliar provocada por Corynespora cassiicola. Las dos enfermedades forman parte de los principales desafíos sanitarios que enfrentan los productores de soja y pueden comprometer seriamente la productividad cuando coinciden materiales susceptibles, alta presión del patógeno y condiciones ambientales favorables.

Antes de obtener el registro, el biofungicida atravesó evaluaciones en más de 50 regiones productoras de Brasil, con diferentes climas, sistemas de manejo y niveles de presión de enfermedades. Los ensayos no se limitaron a medir su acción sobre los patógenos: también analizaron cómo podía integrarse a los programas de protección que los agricultores ya utilizan durante el ciclo del cultivo.

Un negocio de US$ 6.500 millones que busca nuevas herramientas

La innovación desembarca en uno de los segmentos más importantes de la protección agrícola brasileña. Durante 2025, los fungicidas movilizaron aproximadamente US$ 6.500 millones en Brasil, equivalentes al 32% de los US$ 20.200 millones registrados por el mercado de defensivos agrícolas, de acuerdo con datos sectoriales de Kynetec Brasil difundidos por Sindiveg.

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En términos de volumen, los fungicidas representaron unas 466.000 toneladas, cerca del 26% de los 1,79 millones de toneladas de productos utilizados en los cultivos brasileños. La dimensión de esas cifras explica por qué cualquier innovación capaz de incorporarse a los programas sanitarios de la soja puede adquirir relevancia comercial además de agronómica.

Dentro de los productos biológicos, el crecimiento es todavía más marcado. Los biofungicidas aumentaron 41% en valor durante 2025 y alcanzaron ingresos por R$ 1.400 millones, mientras que la superficie tratada llegó a 26 millones de hectáreas, un avance interanual del 37%, según información de CropData. La expansión refleja una adopción cada vez mayor de herramientas biológicas dentro de esquemas que también incluyen productos convencionales.

El desarrollo local adquiere otra dimensión frente a la dependencia brasileña de insumos provenientes del exterior. Entre enero y mayo de 2026, las importaciones de defensivos químicos alcanzaron US$ 4.280 millones, según la misma plataforma. Para una potencia agrícola de la escala de Brasil, contar con más tecnologías desarrolladas dentro del país puede reducir parte de la exposición a fluctuaciones cambiarias, dificultades logísticas y alteraciones de las cadenas internacionales de abastecimiento.

Esto no significa que los productos biológicos vayan a sustituir automáticamente a los fungicidas químicos. La estrategia que empieza a consolidarse en el manejo sanitario apunta a combinar diferentes herramientas y mecanismos de acción, especialmente frente a patógenos cuya resistencia puede reducir la eficacia de determinados tratamientos después de aplicaciones sucesivas.

Una mezcla de 40 metabolitos para defender la soja de los hongos

Una de las particularidades del nuevo biofungicida está dentro de su formulación. La tecnología utiliza una metodología patentada que permite estimular la expresión de genes específicos en microorganismos para obtener compuestos con interés agronómico. A partir de ese proceso se genera una combinación de aproximadamente 40 metabolitos con diferentes funciones sobre los hongos y la propia planta.

De acuerdo con los investigadores responsables del desarrollo, más de 20 de esos metabolitos tienen acción directa contra los hongos, mientras otros 17 estimulan mecanismos naturales de defensa vegetal. La diversidad de moléculas permite abordar el problema sanitario desde diferentes vías y constituye uno de los principales atributos técnicos de la tecnología.

Ese punto resulta especialmente relevante ante uno de los desafíos que enfrenta el manejo de enfermedades en soja: la resistencia de los patógenos. Cuando un mismo mecanismo de acción es utilizado reiteradamente, la presión de selección puede favorecer poblaciones menos sensibles y disminuir progresivamente la eficacia de determinadas herramientas.

Las investigaciones realizadas durante el desarrollo mostraron que incorporar moléculas de origen biológico a los programas convencionales puede ampliar la diversidad de mecanismos empleados contra los patógenos y contribuir a reducir esa presión de selección. Por ese motivo, el potencial del nuevo producto no se limita a su uso individual, sino también a su integración dentro de estrategias más amplias de manejo.

El registro llega mientras Brasil acelera inversiones en bioinsumos y busca transformar su capacidad científica en tecnologías disponibles para el productor. Con una soja que ocupa decenas de millones de hectáreas y enfermedades capaces de generar pérdidas importantes, el desafío ahora será trasladar los resultados obtenidos durante cinco años de investigación al desempeño comercial y productivo a gran escala.

La comercialización está prevista para comenzar próximamente, aunque todavía no existe una fecha oficial de lanzamiento. Su llegada permitirá medir hasta dónde una tecnología desarrollada íntegramente en Brasil puede conquistar espacio en un mercado de fungicidas multimillonario y, al mismo tiempo, ampliar las alternativas disponibles para proteger uno de los cultivos más importantes del agro mundial.

Fuente: AgroLatam

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