La primera estimación nacional para la campaña 2026/27 proyecta una superficie de maíz de 10,4 millones de hectáreas. La chicharrita, los costos de producción y los fletes aparecen entre los principales factores que condicionan la decisión de siembra.
La campaña agrícola 2026/27 comienza con un escenario contrastante para el maíz argentino. Después de alcanzar un récord de 11 millones de hectáreas sembradas en el ciclo 2025/26, la primera estimación nacional anticipa una reducción de 600.000 hectáreas, equivalente a una caída interanual del 7,3 %. De concretarse la proyección, el área maicera se ubicaría en 10,4 millones de hectáreas, lo que igualmente representaría la segunda mayor superficie sembrada de maíz en la historia del país. Con un escenario climático normal y unas 8,7 millones de hectáreas destinadas a grano, la producción podría alcanzar las 66 millones de toneladas. El dato surge del Informe Especial Mensual sobre Cultivos de la Bolsa de Comercio de Rosario, correspondiente al 12 de agosto de 2026. El reporte advierte que, pese a las buenas condiciones iniciales de humedad y al pronóstico de un «Niño» fuerte a muy fuerte, distintos factores económicos y sanitarios están pesando sobre la intención de siembra.

La chicharrita vuelve a condicionar al maíz
Uno de los principales desafíos continúa siendo Dalbulus maidis, vector asociado al complejo del achaparramiento del maíz. El problema adquiere especial dimensión en el norte argentino, donde los recuentos continúan mostrando poblaciones elevadas y los rindes se han ajustado a la baja. Según el informe, se estima que el spiroplasma habría provocado una pérdida de alrededor de 2 millones de toneladas de maíz en Argentina durante la campaña 2025/26. A diferencia de lo ocurrido dos campañas atrás, cuando la chicharrita representaba principalmente un desafío técnico, actualmente los productores y asesores cuentan con mayor conocimiento sobre las herramientas para manejarla. Sin embargo, el problema pasó a tener una fuerte dimensión económica. En Chaco, por ejemplo, se estima que realizar cinco aplicaciones para el control del vector implica un costo cercano a US$ 55 por hectárea. A esto se suma el incremento de los costos de combustible y, particularmente, de los fletes. En regiones ubicadas a más de 400 kilómetros de los puertos, el costo logístico puede adquirir un peso determinante sobre la rentabilidad del cultivo. El informe recoge además una percepción particularmente preocupante en el norte: «El maíz tiene la rentabilidad más baja de los últimos 10 años», según técnicos consultados por la entidad.
El norte pierde superficie y la soja recupera protagonismo

La retracción del área no sería uniforme en todo el país. En La Pampa, donde durante 2025 se sembraron 750.000 hectáreas, los técnicos consideran que se habría alcanzado un techo y anticipan una tendencia descendente para la próxima campaña. En Córdoba, en cambio, la intención general sería repetir el nivel de siembra del año pasado, aunque podrían registrarse recortes en el norte provincial por el impacto de la chicharrita. En Santa Fe aparece una situación similar: mientras el norte podría reducir superficie, en el centro y sur existen expectativas de mantener o incluso incrementar el área destinada al cereal. También los excesos hídricos comienzan a jugar un papel en la decisión de siembra. En sectores de la franja este de la región pampeana, particularmente en Buenos Aires, el temor a problemas de excesos de agua lleva a excluir lotes con napas altas, bajos o dificultades de escurrimiento. En paralelo, la soja vuelve a ganar superficie. La intención de siembra para 2026/27 se estima en 16,6-16,7 millones de hectáreas, unas 600.000 hectáreas más que en el ciclo anterior, lo que representa un crecimiento cercano al 3,7 %. Con un rendimiento promedio estimado de 29,1 quintales por hectárea, la producción de soja podría ubicarse en torno de las 48 millones de toneladas si se concreta la superficie proyectada. La recomposición del área sojera aparece vinculada, en buena medida, con los problemas que enfrenta nuevamente el maíz por la chicharrita y con el aumento de los costos de transporte.
Un maíz 2025/26 récord, pero con el impacto de la chicharrita
El escenario de la próxima campaña se construye sobre un ciclo maicero 2025/26 que terminó superando las expectativas en superficie. La estimación actualizada eleva el área sembrada a 11 millones de hectáreas, un 33 % más que en la campaña anterior. El crecimiento fue especialmente importante en el norte, donde Santiago del Estero, Chaco y Salta incorporaron en conjunto unas 390.000 hectáreas. También se registraron aumentos en Córdoba y Santa Fe. Sin embargo, el fuerte crecimiento del área no se tradujo en un salto proporcional de la producción. La cosecha pasó de 68 millones a 70,5 millones de toneladas, debido al impacto de la chicharrita tanto sobre la superficie perdida como sobre los rindes. La tabla de resultados de la campaña 2025/26 incluida en el informe muestra un rendimiento nacional de 76,6 quintales por hectárea y una producción estimada de 70,5 millones de toneladas. Buenos Aires aporta 22,91 Mt, Córdoba 22,74 Mt y Santa Fe 9,96 Mt.

El maíz tardío todavía espera en los lotes
Otro de los puntos de atención es el retraso en la cosecha del maíz tardío 2025/26. Un julio inusualmente húmedo y cálido paralizó las labores y dejó el avance de cosecha en torno al 75 %, mientras que para la misma fecha del año pasado ya se había superado el 88 %. El cambio del patrón climático registrado en los primeros días de agosto permitió mejorar las condiciones de trabajo, aunque fuertes ráfagas de viento provocaron vuelco de cultivos en distintas zonas. En Chaco, el informe señala que hubo sectores donde hasta el 40 % de los maíces resultaron tumbados. También se registraron problemas similares en algunas zonas de Córdoba. En La Pampa, además, el crecimiento del área sembrada no habría sido acompañado por un desarrollo equivalente de la infraestructura. Entre las limitantes aparece la falta de capacidad de secado, un factor que complica el avance de la cosecha.
El agua, una ventaja y también un riesgo
El clima presenta una particularidad para el comienzo de la nueva campaña. Los perfiles arrancan con buena disponibilidad de agua, mientras que los pronósticos anticipan lluvias importantes desde octubre asociadas a un escenario de El Niño fuerte a muy fuerte. La disponibilidad hídrica puede constituir una ventaja para la implantación y el desarrollo inicial del cultivo. Pero, al mismo tiempo, los excesos de agua ya comienzan a modificar decisiones en determinadas zonas productivas. El temor a anegamientos y problemas de escurrimiento está llevando a descartar lotes en sectores de Buenos Aires y otras áreas de la franja este pampeana. Así, el factor climático se presenta como una variable de doble impacto: el agua disponible favorece al cultivo, pero los excesos pueden limitar la superficie sembrable.

Trigo: buenas condiciones y una superficie de 6,95 millones de hectáreas
Mientras el maíz y la soja ajustan sus perspectivas, el trigo mantiene un escenario favorable. El informe estima una superficie sembrada de 6,95 millones de hectáreas y destaca las muy buenas condiciones del cultivo en gran parte del país. En algunas regiones, el estado de los lotes llevó incluso a reforzar las dosis de nitrógeno.
No obstante, el temor a excesos durante la cosecha llevó a algunos productores, especialmente en determinadas zonas del oeste, a limitar la reinversión en el cultivo. Con un rendimiento promedio nacional y descontando unas 250.000 hectáreas no cosechadas, el informe proyecta una producción de 20,5 millones de toneladas, bajo un escenario climático normal.
La campaña 2026/27 comienza así con un mapa productivo en transformación: el maíz mantiene una superficie elevada pero pierde 600.000 hectáreas, la soja recupera terreno y el trigo avanza con buenas condiciones. En el caso del cereal amarillo, la ecuación entre sanidad, clima, logística y rentabilidad será determinante para definir cuánto maíz finalmente llegará a los lotes.
Fuente: Agritotal


