La propuesta buscaba habilitar otras 100.000 toneladas para China desde 2027, pero la resistencia de la industria brasileña bloqueó la negociación.
Brasil propuso a Uruguay intercambiar desde 2027 parte de sus cupos de exportación de carne bovina hacia China y la Unión Europea, en una negociación que buscaba ampliar en 100.000 toneladas los embarques brasileños al mercado asiático. Sin embargo, la iniciativa quedó paralizada durante julio de 2026 por la oposición de grandes frigoríficos, preocupados por perder participación en el mercado europeo.
El esquema contemplaba que Brasil transfiriera a Uruguay alrededor de 7.600 toneladas de su futura participación en la cuota de carne refrigerada del Mercosur para la Unión Europea, beneficiada con un arancel reducido. A cambio, el país vecino cedería 100.000 toneladas del volumen autorizado para vender carne bovina a China durante 2027.
La operación podría representar para Brasil más de US$500 millones en ingresos adicionales, tomando como referencia los valores actuales de la proteína exportada al mercado chino. El volumen equivale aproximadamente a un mes de embarques brasileños y permitiría extender la actividad de los frigoríficos que dependen especialmente de ese destino.
Uruguay habría considerado favorablemente el intercambio, aunque la propuesta no llegó a formalizarse entre ambos gobiernos. Los ministerios de Agricultura de Brasil y de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay tampoco confirmaron públicamente los términos de la negociación.
La iniciativa surgió ante el rápido avance de Brasil sobre el volumen habilitado para abastecer a China durante 2026. Aunque los registros oficiales indicaban que hacia mediados de año se había utilizado alrededor del 65% de una cuota cercana a 1,1 millones de toneladas, los cargamentos que todavía se encontraban en tránsito redujeron el margen disponible para nuevos negocios.
Esta situación llevó a algunos establecimientos brasileños a suspender durante julio la producción específica de cortes destinados a China. El impacto fue especialmente fuerte entre las plantas pequeñas y medianas, que poseen menos alternativas comerciales y dependen de la demanda del principal comprador mundial de carne vacuna.
Algunas empresas debieron otorgar vacaciones colectivas, reducir turnos o despedir trabajadores después de agotar su capacidad para continuar despachando al mercado asiático. Para esos frigoríficos, recibir otras 100.000 toneladas habría permitido sostener la producción durante al menos un mes adicional y aliviar las dificultades financieras provocadas por la interrupción de las ventas.
Las compañías de mayor escala, por el contrario, habrían rechazado la propuesta porque implicaba renunciar a una porción del acceso preferencial a Europa. Aunque ese mercado compra volúmenes menores, paga valores superiores por cortes refrigerados y de alta calidad.
Los datos sectoriales muestran que la carne brasileña de mayor valor destinada a la Unión Europea alcanzó durante este año un precio medio cercano a US$9.100 por tonelada, mientras que China pagó alrededor de US$6.200 por tonelada. La diferencia responde también al tipo de producto: Europa demanda cortes premium y China absorbe una canasta más amplia, incluidos productos de menor valor comercial.
El debate dejó expuestos dos intereses dentro de la cadena. Por un lado, los grandes grupos buscan conservar posiciones en mercados de alto precio y diversificar destinos. Por otro, los frigoríficos medianos y pequeños necesitan recuperar cuanto antes el acceso a China para mantener el nivel de faena, el empleo y el flujo de caja.
Fuentes vinculadas con la negociación sostienen que China no pondría objeciones a una reasignación acordada entre Brasil y Uruguay. No obstante, cualquier modificación debería contar con el consentimiento de los países involucrados y encuadrarse dentro del sistema de administración establecido por las autoridades chinas.
La eventual cesión brasileña se relacionaba con la cuota negociada por el Mercosur para ingresar carne bovina a la Unión Europea con un arancel del 7,5%. El contingente alcanzará 99.000 toneladas de peso carcasa cuando finalice el período de implementación del acuerdo comercial, previsto para 2031: el 55% será carne refrigerada y el 45%, congelada.
La apertura será gradual. Para 2026, el volumen con arancel reducido se estima en unas 11.000 toneladas, mientras que en 2027 ascendería a 33.000. Dentro de ese total, cerca de 18.100 toneladas corresponderían a carne refrigerada, que deberán distribuirse entre los países del bloque.
Brasil, como mayor productor y exportador regional, recibiría algo más del 40% de esa categoría. La porción estimada en aproximadamente 7.600 toneladas era la que el gobierno brasileño habría ofrecido a Uruguay a cambio de las 100.000 toneladas para China. El reparto definitivo dentro del Mercosur, sin embargo, todavía no fue oficializado.
Uruguay aparece bien posicionado para aprovechar ese volumen porque sus frigoríficos pueden abastecer a Europa sin las mismas restricciones que enfrenta Brasil. Las autoridades europeas mantienen exigencias estrictas sobre el control de antimicrobianos utilizados en la producción ganadera, un punto que podría afectar los embarques brasileños desde septiembre si no se demuestra el cumplimiento de las normas sanitarias.
Brasil conservaría, además, su participación en la cuota Hilton, cercana a las 8.900 toneladas de cortes bovinos de alta calidad. Este contingente tendría arancel cero con la entrada en vigor del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, frente al gravamen del 20% que soportaba anteriormente.
Uruguay, mientras tanto, cuenta con margen para transferir parte de su acceso a China. Durante 2026 dispone de un volumen aproximado de 324.000 toneladas, pero hasta mayo había utilizado menos de una cuarta parte. Entre enero y junio exportó 82.700 toneladas de carne vacuna al país asiático, un 12% menos que en igual período de 2025 y un 19% por debajo del primer semestre de 2024.
Las ventas uruguayas hacia la Unión Europea también retrocedieron. En los primeros seis meses del año alcanzaron 23.000 toneladas, con una caída interanual del 36%, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Carnes.
La diferencia en el ritmo de utilización de los cupos explicaba la lógica comercial del intercambio: Brasil necesitaba espacio inmediato en China y Uruguay podía aprovechar un acceso adicional a Europa, donde sus plantas ya cumplen las condiciones sanitarias. Pese a esa complementariedad, la resistencia interna del sector brasileño dejó la propuesta en suspenso y abrió una discusión sobre qué mercados deberían priorizarse desde 2027.
Fuente: Agrolatam


