La Agencia de Extensión Rural Chivilcoy del INTA analizó este proceso junto a la Facultad de Agronomía de la UBA y Plexagro.
Entre las actividades que lleva adelante una Agencia de Extensión Rural se encuentra la evaluación de los cultivos y su comportamiento frente a diferentes condiciones ambientales. En el caso del trigo —principal cultivo invernal en la región centro de la provincia de Buenos Aires—, durante su ciclo de crecimiento está expuesto a situaciones de heladas y fríos extremos.
Romina De San Celedonio, jefa de INTA Chivilcoy, fue, una de las autoras responsables del artículo Impacto de la cobertura de rastrojo sobre el daño por heladas en trigo, junto a Mónica Filippi (INTA Chivilcoy), en la última edición de la Revista de Tecnología Agropecuaria de INTA Pergamino. «Nosotros evaluamos distintos genotipos de trigo; para este trabajo escogimos uno más sensible a las heladas y otro con mayor capacidad de resiliencia, ambos con una importante adopción por parte del sector productivo”, indicó la extensionista.
El trabajo, articulado con grupos de investigación de la Facultad de Agronomía de la UBA y desarrollado en el Sitio de Intercambio de Plexagro, permite comparar los datos con experimentos similares ubicados más hacia el oeste. “El mensaje más importante del trabajo”, según De San Celedonio, “es que, a pesar del daño al inicio del cultivo en ambos genotipos, el que no presenta tanta resistencia a las heladas se recuperó y rindió prácticamente lo mismo”. De este modo, teniendo en cuenta las bajas temperaturas registradas durante el estado fenológico vegetativo del trigo, las heladas ocurridas en la primera etapa del cultivo no tuvieron un impacto significativo en el rendimiento final.
Consultada sobre las hipótesis y preguntas de investigación que motorizaron este experimento, De San Celedonio señaló que una mayor cobertura evita que el suelo eleve su temperatura. «Además», indicó Romina De San Celedonio, «hay varios trabajos que analizan la relación entre el rastrojo y los procesos de congelamiento en el tejido vegetal del trigo, lo que permitiría seguir estudiando esta vinculación». El trabajo concluye que «la cobertura de rastrojo en superficie modificó el balance térmico del suelo, generando temperaturas mínimas levemente más bajas en comparación con parcelas sin rastrojo». De este modo se observó mayor daño foliar en los tratamientos con más rastrojo con respecto al suelo desnudo.


