Tras el levantamiento de la subvención, disminuyen las filas en algunas estaciones de servicio, mientras transportistas advierten un aumento de sus costos. El Gobierno mantiene el diálogo para evitar interrupciones en el abastecimiento.
El levantamiento de la subvención al diésel comenzó a mostrar sus primeras repercusiones en la cadena de distribución de combustibles y en el transporte. Mientras los cisterneros acordaron mantener el traslado de carburantes y evitar una suspensión de operaciones, conductores reportan que las extensas filas para abastecerse de diésel prácticamente desaparecieron en algunas estaciones de servicio de Santa Cruz.
El Gobierno y los representantes del transporte llegaron a acuerdos durante una jornada de reuniones realizada en Santa Cruz. El ministro de Defensa, Ernesto Justiniano, informó que el sector cisternero continuará con normalidad brindando el servicio del transporte de combustibles, después de que sus dirigentes habían anunciado la posibilidad de suspender la carga y descarga en rechazo al nuevo precio del diésel y en demanda de una revisión de sus costos de operación y fletes.
El acuerdo permite mantener activa una parte clave de la cadena de distribución mientras continúan las negociaciones. Los transportistas, sin embargo, dejaron planteadas sus observaciones sobre el impacto del nuevo precio y señalaron que cualquier consecuencia derivada de la medida será responsabilidad del Gobierno.
En una reunión previa, representantes del transporte departamental, intermunicipal e interprovincial de Santa Cruz también resolvieron no iniciar un paro y mantener sus servicios. En ambos encuentros participaron autoridades nacionales, representantes de YPFB y dirigentes del transporte.
Menos filas, pero con mayor costo
Uno de los cambios visibles se observa en las estaciones de servicio. En Cochabamba conductores consultados por una red televisiva señalaron que el abastecimiento se realiza ahora de manera directa, sin las filas que anteriormente podían extenderse durante horas o incluso días.
“Directo hemos ingresado, casi ya no hay filas”, relató uno de los transportistas consultados. Otro señaló que en algunos surtidores la situación era similar: “Está vacío”.
La desaparición de las filas constituye uno de los efectos inmediatos observados tras el cambio en el precio. Sin embargo, no significa que el problema del combustible haya desaparecido. El costo de abastecimiento ahora representa una mayor erogación para los transportistas, que deben incorporar ese incremento a una estructura de gastos que también incluye mantenimiento, repuestos, llantas, salarios y otros costos operativos.
Para algunos conductores, la disponibilidad inmediata compensa parcialmente el cambio porque permite reducir el tiempo perdido esperando combustible. Para otros, el problema se trasladó de la escasez y las filas al precio que deben pagar por cada litro.
“Lamentablemente se ha trastornado todo eso del diésel, el contrabando. Era bien notorio y clarito cómo se veían las filas de dos o tres días”, señaló otro conductor.
El transporte queda ante un nuevo escenario
El efecto sobre el transporte dependerá de cuánto del incremento del combustible pueda ser absorbido por los propios operadores y cuánto termine trasladándose a las tarifas de transporte y, posteriormente, a los precios de otros bienes y servicios.
Por ahora, el Gobierno y los dirigentes del sector optaron por mantener abiertos los canales de diálogo. El acuerdo con los cisterneros evita una interrupción inmediata en el suministro, mientras las negociaciones deberán abordar cómo se reconfiguran los costos de transporte después del retiro de la subvención.
En las estaciones de servicio, el cambio más visible es la reducción de las filas. En las cuentas de los transportistas, el principal efecto es otro: el combustible pasó a representar un gasto mayor.
Fuente: El Deber


