Un programa financiado por Alemania lleva maquinaria y tecnología a pequeños productores de Paraguay, con fuertes mejoras en productividad e ingresos familiares.
Paraguay avanza con una inversión superior a €5,35 millones para transformar la producción de maíz de la agricultura familiar, mediante un programa que ya permitió elevar rendimientos desde apenas 700-800 hasta 4.500-5.000 kilos por hectárea en establecimientos que incorporaron agricultura de conservación. La iniciativa, ejecutada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) con fondos aportados por Alemania, alcanza a más de 50 organizaciones rurales de cinco departamentos y busca recuperar suelos degradados, reducir costos y mejorar los ingresos de pequeños productores.
Los recursos corresponden a la tercera fase del Proyecto de Manejo Sostenible de Recursos Naturales (PMRN) y tienen como eje superar una de las principales barreras para la modernización de las explotaciones familiares: el acceso al capital. Los grupos beneficiarios reciben financiamiento para incorporar maquinaria, implementos, semillas, fertilizantes, correctores de suelo y asistencia técnica, con cobertura para tres ciclos productivos consecutivos y una estrategia orientada a que las mejoras continúen una vez finalizada la intervención.
El programa apunta particularmente a recuperar terrenos afectados por años de remoción intensiva y prácticas que deterioraron las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo. En lugar de continuar con ese esquema, se promueve un sistema que combina siembra directa, análisis de suelo, encalado, subsolado y cobertura vegetal permanente, reduciendo la exposición de la superficie y buscando recuperar gradualmente su estructura y capacidad productiva.
De 800 a 5.000 kilos: el salto que cambia las cuentas del productor
Los resultados obtenidos en maíz muestran la dimensión productiva de la incorporación tecnológica. Según información del proyecto, bajo el manejo convencional algunos agricultores familiares cosechaban solamente 700 a 800 kilogramos por hectárea. Después de adoptar agricultura de conservación y siembra directa, determinados establecimientos consiguieron producciones de entre 4.500 y 5.000 kilos por hectárea, es decir, más de cinco veces el volumen inicial en una misma superficie.
Ismael Argüello Bazán, especialista en agricultura de conservación del PMRN, explicó que el rendimiento por hectárea resulta determinante para la rentabilidad de este segmento. El aumento de la producción permite distribuir los costos sobre un volumen mayor de grano y, cuando las condiciones comerciales acompañan, incrementar los ingresos obtenidos por las familias sin necesidad de ampliar la superficie agrícola.
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El cambio tecnológico, sin embargo, requiere mucho más que capacitación. Una de las principales limitaciones históricas fue el costo de ingresar al sistema mecanizado. Por ese motivo, el programa financia equipos de uso productivo como tractores, sembradoras, pulverizadoras y rolos cuchillo, además de semillas de maíz, cal agrícola, fertilizantes, productos para protección de cultivos y materiales destinados a establecer coberturas vegetales.
La estrategia incorpora especies de invierno y primavera-verano para mantener el suelo cubierto durante diferentes momentos del año. Entre ellas aparecen avena negra, lupino, nabo, canavalia, distintas mucunas, crotalaria, mijo y Brachiaria ruziziensis. Estas coberturas forman parte del manejo destinado a proteger la superficie, aportar biomasa y favorecer la recuperación de las condiciones productivas del suelo.
Más de 50 organizaciones llevan la tecnología a cinco departamentos
La intervención alcanza a organizaciones rurales de Concepción, San Pedro, Caaguazú, Caazapá y Paraguarí, con una mayor concentración de grupos beneficiarios en San Pedro y Caaguazú. El esquema busca que la maquinaria pueda incorporarse mediante organizaciones de productores, una modalidad que facilita el acceso a equipos cuyo costo sería difícil de afrontar individualmente para establecimientos de pequeña escala.
Para recibir los desembolsos, las asociaciones deben cumplir requisitos administrativos y productivos. Entre ellos se encuentran contar con tenencia regular de la tierra, personería jurídica y una cuenta bancaria a nombre de la organización, además de permanecer bajo acompañamiento de la Dirección de Extensión Agraria (DEAG) mediante sus estructuras territoriales.
El programa también intenta trasladar hacia la agricultura familiar una tecnología ampliamente difundida en la producción extensiva paraguaya. Aunque la siembra directa ocupa una proporción importante de la superficie agrícola nacional, su utilización estuvo históricamente mucho más concentrada en explotaciones empresariales con capacidad financiera para adquirir maquinaria y sostener paquetes tecnológicos de mayor inversión.
La apuesta ahora es conseguir que ese salto productivo pueda mantenerse después de los tres ciclos financiados y extenderse hacia otros agricultores de las comunidades. Con más de €5,35 millones destinados a capitalización y más de 50 organizaciones involucradas, el resultado que concentra la atención está en las parcelas de maíz: productores que partían de rendimientos inferiores a una tonelada por hectárea ya registraron niveles cercanos a cinco toneladas, una diferencia que modifica de manera sustancial la capacidad de generar ingresos sobre la misma superficie.
Fuente: AgroLatam


