“En deuda con la productividad”: en Argentina se están perdiendo 900 kilos de soja por hectárea por mala nutrición

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En Argentina se consumen anualmente alrededor de 5.1 millones de toneladas de fertilizante. De ese total, el 56 % corresponde a nitrogenados, el 37% a fosfatados y el resto son azufrados y potásicos. El 37% de los productos, 1.9 millones de toneladas, se aplica al cultivo de maíz; 1,5 millones de toneladas, un 29%, al trigo pero tan solo un 9%, apenas medio millón de tonelada, a la soja, el principal producto de exportación argentino.

“El 90% de los lotes de trigo, cebada y maíz; y el 85% de los de girasol, se fertiliza. Pero solo la mitad de la superficie sembrada con soja recibe fertilizantes, tanto de primera como de segunda”, indicó Franco Córdoba, responsable de Mercados de Fertilizar Asociación Civil, en una charla en el marco de una recorrida de una planta de fertilizantes de Bunge en la localidad de Ramallo. Y el tratamiento más utilizado por los productores argentinos “queda en deuda con la productividad”, es decir, que si se mejorara el nivel de nutrición habitual, «las respuestas logradas estarían en el orden del 9%», aseguró María Fernanda González, gerente ejecutiva de la entidad.

Durante la charla se analizaron los distintos factores que podrían estar influyendo para que la oleaginosa esté tan relegada en materia de nutrición, desde los costos y las retenciones, hasta los mitos sobre las necesidades y fisiología del cultivo. Los técnicos subrayaron que la leguminosa presenta alta respuesta en rendimiento a la fertilización y que necesita una nutrición balanceada tanto con fósforo como con azufre. “Muchos productores piensan que la soja no necesita nitrógeno, pero no es así, por cada tonelada producida se requieren 70 kilos de ese nutriente, en cambio, por cada tonelada de maíz se necesitan 35 kilos de nitrógeno”, detalló González.

Por otra parte, Rodolfo Rossi, presidente de Acsoja (Asociación de la cadena de la soja) remarcó que la fertilización inteligente permite mejorar tanto rendimiento como calidad en soja simultáneamente.

Uno de los principales problemas en cuanto a la nutrición es que solo en el 30% a 35% de los lotes del país se hacen análisis de suelo para determinar los posibles déficits de nutrientes y necesidades de fertilización.

Hoy, la brecha de rendimiento promedio de soja, entre el potencial (4030 kilos) y el real (3150), es del 28%, cerca de 900 kilos más por hectárea.

“El productor tendría que tener una mirada más empresaria y una mirada de largo plazo con respecto al suelo, para ser económicamente viable y sustentable, siempre sobre la base de la siembra directa, las rotaciones y la fertilización”, señaló Rotondaro.

Mercado de fertilizantes en Argentina

En Argentina se consumen anualmente alrededor de 5.1 millones de toneladas de fertilizante. De ese total, el 56 % corresponde a nitrogenados, con 2,85 millones de toneladas; el 37% a fosfatados, con 1,9 millones de toneladas y el resto son azufrados y potásicos.

En el país se producen 1.825 millón de toneladas de fertilizantes: 1.150 de urea; 500 mil toneladas de superfosfato simple y unas 150 mil de tiosulfato de amonio y 25 mil de microgranulados. Claramente, no nos autoabastecemos, la mayor parte se importa, alrededor de 3.3 millones de toneladas. De ellas, 1.77 millón son nitrogenados; 1.53 son fosfatados.

También se compran al exterior materias primas para fabricar fertilizantes en Argentina: 25 mil toneladas de azufre; 150 mil de ácido sulfúrico y 325 mil de roca fosfórica.

La urea se compra principalmente a Egipto, Nigeria y a los países del Golfo Pérsico; el UAN (fertilizante nitrogenado líquido) a Estados Unidos, Rusia y Trinidad y Tobago. Mientras que la roca fosfórica proviene de Marruecos y Perú; y el fosfato mono y diamónico de China, Rusia, Marruecos y Estados Unidos.

Más de la mitad de los buques con fertilizantes descargan en el puerto de San Nicolás, un 16% entre Necochea y Bahía Blanca y un 33% entre San Lorenzo y el Gran Rosario.

Fuente: Clarín

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