La consultora Carolina Leal sostiene que la aplicación de buenas prácticas ganaderas es el camino para consolidar una producción de carne bovina boliviana que sea rentable, competitiva y sostenible en el tiempo.
Durante su participación en el podcast “Es con Pablo”, producido por SCA, Leal se refirió al trabajo que viene desarrollando junto a la ONG World Wide Fund for Nature (WWF), enfocado en mejorar la calidad de la carne bovina mediante sistemas productivos responsables, con énfasis en el bienestar animal, el manejo ambiental y la sostenibilidad económica.
Amplia experiencia profesional
Carolina Leal es médica veterinaria, oriunda de Bogotá (Colombia), y reside en la ciudad de Santa Cruz desde hace 25 años. A lo largo de su trayectoria profesional ha trabajado en diversas regiones productivas del país, incluyendo Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, Beni y Tarija, lo que le ha permitido conocer de primera mano las distintas realidades de la ganadería boliviana.
“Soy médica veterinaria con treinta años de experiencia en ganadería. Me especialicé en buenas prácticas ganaderas y bienestar animal, todo ello enmarcado en el concepto de sostenibilidad”, explicó la profesional.
En ese contexto, destacó su actual labor como consultora de WWF, institución con la cual impulsa el fortalecimiento de la Mesa Boliviana de Carne Sostenible, a partir del aprendizaje y la experiencia de productores ganaderos que ya vienen aplicando prácticas sostenibles en distintos niveles.
“Buscamos generar acuerdos con los productores para trabajar de manera conjunta, elaborar material técnico y realizar pruebas reales en territorios ganaderos previamente confirmados y validados, de modo que podamos demostrar que estos sistemas son sostenibles”, puntualizó.
Leal remarcó que WWF trabaja de manera intensiva el componente de fauna nativa, lo que permite validar procesos de conservación de la biodiversidad dentro del ecosistema productivo. Además, señaló que estas prácticas abren la posibilidad de acceder a beneficios como bonos internacionales de carbono o biodiversidad, que representan alternativas económicas atractivas para los productores.
Buenas prácticas, clave del éxito productivo
Al profundizar sobre el concepto de buenas prácticas ganaderas, Leal las definió como un conjunto de acciones orientadas a obtener carne sana e inocua para su comercialización, integrando aspectos sociales, ambientales y productivos.
“No se trata solo del animal, sino también de la equidad social y del respeto por la naturaleza”, afirmó.
Como ejemplo, explicó que la correcta implementación de estas prácticas requiere tiempo y capacitación del recurso humano. “Un vaquero, cuando llega a una propiedad, necesita al menos seis meses para conocer el sistema productivo; en los siguientes seis meses replica lo aprendido y luego comienza a proponer mejoras. Este proceso puede tomar alrededor de un año y medio”, señaló.
En ese marco, subrayó que los factores sociales son tan importantes como los ambientales, los cuales incluyen el manejo del suelo, los árboles y los demás componentes del sistema productivo, indispensables para garantizar la sostenibilidad a largo plazo.
Rentabilidad y productividad
Consultada sobre la rentabilidad de las buenas prácticas ganaderas, Leal explicó que la mejora de los suelos es uno de los principales beneficios. “Cuando el estiércol del ganado se integra adecuadamente al suelo y se combina con periodos de descanso, se mejora la fertilidad y se logra una mayor carga animal en el mismo espacio, gracias a pasturas más consolidadas”, detalló.
Asimismo, destacó el impacto positivo del manejo de sombra. “Un animal criado con sombra y en un manejo armónico logra una mayor ganancia de peso”, afirmó.
Según la especialista, los animales que cuentan con sombra pueden registrar hasta un 10% más de ganancia de peso, ya que durante las horas de mayor calor —entre las 10:00 y las 16:00— pueden rumiar de manera adecuada, mejorando la conversión alimenticia y, en consecuencia, la rentabilidad del productor.
Los árboles que proporcionan sombra también aportan beneficios adicionales, como una mejor infiltración de agua, mayor humedad del suelo, generación de materia orgánica y biomasa. Además, en épocas de escasez de pasturas, algunas especies arbóreas, como el cupesí o el algarrobo, pueden convertirse en una fuente alternativa de alimento para el ganado.
Selección animal y reproducción
Leal enfatizó la importancia de seleccionar adecuadamente las razas y los animales en función del ecosistema donde se desarrollará la producción. “Es necesario evaluar cuáles son más resistentes a parásitos como moscas o garrapatas, cuáles pierden menos condición corporal en épocas de sequía y cuáles se adaptan mejor al entorno. Los animales que sufren deben ser descartados”, explicó.
A este enfoque sumó el componente reproductivo, destacando la necesidad de un mejoramiento genético interno. “No se trata solo de comprar un ‘súper toro’, sino de observar qué animales preñan más, cuáles mantienen mejor condición corporal y cuáles ofrecen mejores resultados productivos”, aconsejó.
Instituciones que impulsan las buenas prácticas
En relación con la transferencia de conocimiento hacia los productores, Leal señaló que las asociaciones ganaderas del departamento, articuladas a través de la Federación de Ganaderos de Santa Cruz (Fegasacruz), cumplen un rol clave en la difusión de estas prácticas.
También destacó el Programa de Buenas Prácticas Ganaderas impulsado por la Gobernación de Santa Cruz mediante la Dirección de Sanidad e Inocuidad Alimentaria (DSIA), el trabajo del Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) y la articulación con otras entidades que conforman la Mesa Boliviana de Carne Sostenible, como la Federación de Ganaderos del Beni (Fegabeni), frigoríficos y diversas ONG.
“Todos trabajamos por esta causa y ahora estamos bajando esta información directamente a los productores”, manifestó.
Hacia un sello de calidad reconocido
Finalmente, Leal resaltó el potencial de Bolivia para posicionarse en mercados internacionales exigentes. “Somos un país con grandes recursos naturales y así nos ven en el exterior. Si producimos carne bajo estas condiciones ambientales, estamos generando un producto con valor agregado”, sostuvo.
“No basta con decir que es carne de Bolivia; hay que demostrarlo. Y eso se logra con buenas prácticas y auditorías que respalden el proceso”, concluyó.
En síntesis, la adopción de buenas prácticas ganaderas no solo fortalece la sostenibilidad ambiental y social, sino que también abre la posibilidad de acceder a mercados más exigentes y mejor remunerados, consolidando un sello de calidad diferenciado para la carne boliviana.
Fuente: SCA


