Si el “Súper Niño” cumple, hay que hacer lugar: Un ensayo del INTA muestra que el maíz puede rendir casi un tercio más con mayor densidad y agua de sobra

La información disponible sobre densidades de siembra suele coincidir en que no siempre “más es mejor”, pero que hacerlo en condiciones adecuadas puede ser muy fructífero. Y en la antesala de una temporada marcada a fuego por el “Súper Niño”, esa evaluación puede marcar la diferencia entre una buena campaña y una extraordinaria.

Así lo establece un trabajo llevado adelante por el INTA San Luis, en la región de Villa Mercedes, con el cultivo de maíz. En un análisis del impacto de las densidades de siembra, los investigadores aseguran que, en años con alta disponibilidad hídrica, pueden aumentar casi un tercio el rendimiento promedio.

El trabajo, llevado a cabo en plena región agropecuaria de San Luis, analizó dos esquemas de siembra bajo condiciones de secano: por un lado, una densidad de 5 plantas por metro cuadrado y, por el otro, de 8,5 plantas. Tras evaluar ocho híbridos comerciales distintos, los investigadores concluyeron que, en promedio, los materiales bajo la mayor densidad alcanzaron los 7.408 kilogramos por hectárea, mientras que en la menor densidad se obtuvieron 5.825.

Detrás de esos más de 1500 kilos de diferencia entre planteos hay un factor clave: la “campaña extraordinaria”, explican desde el INTA, en referencia a la demanda hídrica que genera el aumento de la cantidad de plantas.

“No es una receta bajo ningún punto de vista. En años húmedos, partiendo con el perfil cargado, la alta densidad podría ser una opción para evaluar, pero en escenarios secos este planteo puede jugar en contra”, explicó al respecto el especialista Maximiliano Riglos.

El ensayo demostró que, en condiciones de alta disponibilidad de agua en los perfiles, una mayor densidad de siembra genera una mayor cantidad de granos, que contrarresta la caída en el peso y genera mayor productividad. En ese caso, el número de granos aumentó un 63% en promedio, mientras que le peso individual se redujo, aproximadamente, en un 19%.

“Hay una compensación típica del cultivo: más plantas generan más competencia; durante la floración, momento en el que se define el número de granos, las condiciones fueron extraordinarias, lo que favoreció a ese componente del rendimiento sin una reducción exagerada en el peso de los granos”, indicó Riglos.

Un repaso por la respuesta genética muestra también diferencias entre los distintos materiales. Según explicaron desde el INTA San Luis, entre los ocho híbridos, dos lograron superar los 9.000 kilos por hectárea en alta densidad: el LT 722 VT3 PRO, gracias a un mayor peso de granos, y el LT 723 TRE, que se apoyó mayor cantidad por unidad de superficie.

Un segundo grupo, compuesto por los materiales NK 835 VIP 3 y ARG 7718 VT3 PRO, también presentó desempeños destacados con rindes cercanos o superiores a los 8.000 kilos por hectárea.

Además de la disponibilidad de agua en los períodos críticos de floración y llenado de granos, otro punto a favor de los planteos de alta densidad fue la radiación. Con una “mayor eficiencia” en su captura, se estima que lograron interceptar cerca del 88% de la radiación fotosintéticamente activa durante el llenado, un aspecto clave para la mejora en el rendimiento.

Aunque sin dar por clausurado el debate en torno a las densidades de siembra, siempre atado a la evaluación agronómica de cada región, desde el organismo destacan que el ensayo “aporta información local clave para ajustar las decisiones de manejo y reducir la incertidumbre en sistemas condicionados por la variabilidad climática”.

De cara a una temporada en la que se prevé un régimen de lluvias extraordinario, desde San Luis evalúan que más plantas por hectárea puede ser el factor que incline la balanza, al menos en esa región. “El objetivo es generar datos locales que ayuden a ajustar decisiones de manejo”, concluyó Riglos.

Fuente: bichosdecampo

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