Tras una campaña marcada por calor y menor disponibilidad hídrica, ensayos en México muestran trigos con ventajas de hasta 28% en condiciones adversas.
Nuevas líneas experimentales de trigo evaluadas en el noroeste de México lograron ventajas de rendimiento de hasta 28% bajo condiciones de calor y 15% frente a sequía y altas temperaturas, según resultados de ensayos de mejoramiento desarrollados por el CIMMYT y sus colaboradores. Los avances adquieren especial importancia para Sinaloa después de una campaña en la que productores reportaron una fuerte caída de los rindes, mientras la menor disponibilidad de agua para riego y temperaturas inusualmente elevadas obligan a buscar materiales capaces de sostener la producción en ambientes cada vez más exigentes.
La situación reciente muestra la dimensión del problema. En el Valle del Carrizo, al norte de Sinaloa, el rendimiento promedio del trigo habría caído desde alrededor de 6 toneladas por hectárea en el ciclo anterior hasta poco más de 4 toneladas por hectárea en la última campaña, de acuerdo con el testimonio del presidente de la Junta Local de Sanidad Vegetal de esa región. El productor atribuyó buena parte del retroceso a temperaturas elevadas durante diciembre y enero, meses tradicionalmente fríos y determinantes para el desarrollo del cereal.
Hasta 28% más rendimiento frente al estrés por calor
La investigación se desarrolla en la Estación Experimental Norman E. Borlaug, en Ciudad Obregón, Sonora, donde los materiales son sometidos a condiciones controladas de sequía y temperaturas elevadas. El objetivo no pasa solamente por obtener plantas capaces de sobrevivir al estrés, sino por seleccionar trigos que puedan mantener rendimiento, estabilidad y calidad cuando disminuye el agua disponible para riego.
Entre los resultados más destacados aparece una línea experimental que registró un incremento del rendimiento del 15% respecto de Borlaug 100 tanto bajo condiciones de sequía como de calor. Otro material alcanzó una ventaja del 28% cuando fue sometido a altas temperaturas. Borlaug 100 se utiliza como referencia por su potencial productivo, estabilidad y adaptación a diferentes esquemas de riego, además de características agronómicas y sanitarias favorables.
Los resultados son relevantes para una región donde el agua disponible comienza a condicionar cada vez más las decisiones de siembra. Una variedad que conserve una mayor proporción de su potencial con riego limitado puede permitir al productor aprovechar mejor cada unidad de agua y reducir parte del riesgo asociado a campañas secas. Eso no significa que el cultivo pueda producir sin agua, sino que el mejoramiento genético busca aumentar su eficiencia y estabilidad cuando el recurso es insuficiente.
Las evaluaciones también incluyen materiales que ya cuentan con antecedentes productivos bajo distintos regímenes hídricos. En trigo cristalino, Noroeste C2021 alcanzó un promedio de 7,379 toneladas por hectárea, frente a 7,140 t/ha de Don Lupe Oro C2020 y 6,664 t/ha de CIRNO C2008. La diferencia entre Noroeste C2021 y CIRNO C2008 fue de alrededor del 10,7% en el promedio de las evaluaciones, mostrando el margen que puede aportar la selección genética.
Además del rendimiento, los programas consideran características como resistencia a royas, estabilidad productiva, calidad industrial, peso del grano y adaptación a distintas fechas de siembra y niveles de riego. En una región donde sequía y calor pueden aparecer simultáneamente, reunir varias de esas características en un mismo material resulta tan importante como alcanzar un rendimiento elevado en condiciones ideales.
Los nuevos trigos todavía deberán esperar para llegar al campo
Los resultados experimentales no significan que las nuevas líneas puedan sembrarse comercialmente de inmediato. Los materiales avanzados todavía deben completar validaciones regionales, procesos de registro y multiplicación de semilla antes de estar disponibles a escala productiva. Según las estimaciones difundidas, algunas de las variedades actualmente en evaluación podrían llegar a los agricultores dentro de uno a dos años.
Otros materiales derivados de trabajos de mejoramiento que todavía se encuentran en etapas anteriores requerirían entre tres y cuatro años. Ese proceso es necesario para comprobar que las ventajas observadas se mantienen en diferentes ambientes y ciclos productivos, además de generar suficiente semilla para su utilización comercial.
Para Sinaloa, el avance llega en un momento particularmente sensible. El trigo necesita condiciones relativamente frescas durante etapas importantes de su desarrollo y el aumento de las temperaturas puede acelerar su ciclo, reducir el período de llenado del grano y afectar el rendimiento. Si a ello se suma menos disponibilidad de agua para riego, el margen productivo se reduce todavía más.
El mejoramiento genético aparece así como una de las herramientas para adaptar la producción, aunque deberá complementarse con decisiones agronómicas sobre fechas de siembra, manejo del suelo y eficiencia del riego. La meta no es reemplazar el agua que necesita el trigo, sino conseguir que cada milímetro disponible produzca más y que el cultivo soporte mejor episodios de calor.
Los ensayos del noroeste mexicano muestran que existe margen genético para avanzar en esa dirección. Para los productores, la verdadera prueba llegará cuando estos materiales salgan de las parcelas experimentales y sean evaluados a escala comercial. En una región donde los rendimientos ya están sintiendo el efecto de campañas más cálidas y restricciones hídricas, producir trigo con menos agua dejó de ser únicamente un objetivo de investigación y empieza a convertirse en una necesidad productiva.
Fuente: AgroLatam


