En el marco del Salón Internacional de la Avicultura y Suinocultura (SIAVS), Ricardo Santín, presidente de la Asociación Brasileña de Proteína Animal (ABPA), presentó una visión ambiciosa y detallada de la industria cárnica brasileña en una rueda de prensa ante una serie de periodistas especializados el día previo a la inauguración de SIAVS. Santín delineó cómo Brasil se ha transformado en una «potencia de los agronegocios» capaz de responder a los desafíos alimentarios globales de las próximas décadas.
Santín explicó que Brasil busca fortalecer las producciones locales de otros países, suministrando productos específicos que estas industrias no pueden cubrir por sí solas. El ejemplo emblemático son las patas de pollo: mientras China es el segundo productor mundial de carne de ave, su demanda de patas supera su capacidad de producción local. Brasil suple este déficit con más de 230.000 toneladas anuales, evitando desajustes en el mercado chino. Este enfoque es vital ante el crecimiento explosivo de ciudades como Lagos en Nigeria, que se espera pase de 15 a más de 30 millones de habitantes en 2050, exigiendo suministros externos constantes.
Uno de los pilares de la intervención de Santín fue la desmitificación del impacto ambiental del agro brasileño. Brasil ha logrado convertir su agricultura tropical en un motor de eficiencia: gracias a la ausencia de nieve y desastres naturales, muchos estados logran de dos a cuatro cosechas por año en la misma tierra.
La industria no solo es eficiente en el uso del suelo, sino también en la circularidad de sus recursos. Santín destacó la producción de etanol de maíz, que genera subproductos como el DDG (granos de destilería con solubles), utilizados para alimentar al ganado y cerdos, cerrando el ciclo productivo. De igual forma, los residuos del algodón se transforman en harina para confinamientos ganaderos.
En términos de sostenibilidad ambiental, citó estudios del Defra del Reino Unido que demuestran que el pollo brasileño es más sostenible que el europeo. Mientras la producción local británica registraba una huella de 2.2 a 2.85 toneladas de CO2 equivalente, el pollo brasileño —incluso tras ser transportado hasta las góndolas inglesas— mantenía una huella de entre 1.2 y 2.5 toneladas. Esto se debe a la matriz energética brasileña, con empresas que utilizan hasta un 90% de energía solar y eólica, y al aprovechamiento de deyecciones para biodigestión.
Impacto social
La industria de proteína animal en Brasil no es solo una cuestión de grandes cifras de exportación (14,000 millones de dólares en aves y cerdos), sino de desarrollo social. Santín presentó mapas que muestran que los municipios brasileños con avicultura y suinocultura tienen niveles de desarrollo superiores a otros de tamaño similar.
El sector sustenta a más de 50,000 pequeñas familias de productores (muchas con propiedades de menos de 10 hectáreas) y emplea directamente a 500,000 trabajadores en plantas cárnicas. «Lo que vendemos afuera es lo mismo que comemos aquí», enfatizó Santín, subrayando que la calidad que se exporta a 150 países es la misma que alimenta a las familias brasileñas.
Bioseguridad: el escudo de la producción
En un contexto global marcado por crisis sanitarias, Santín defendió la bioseguridad como un pilar de la sostenibilidad. Mientras otros países han tenido que sacrificar cientos de millones de aves por gripe aviar, Brasil solo ha registrado un caso en una producción comercial de 17,000 aves. Este control férreo evita el desperdicio de agua, granos y energía que supone la pérdida de animales.
Brasil aplica protocolos de bioseguridad tan estrictos que ni el propio presidente de ABPA puede entrar libremente en una granja sin cumplir periodos de vacío sanitario y desinfección. Esta disciplina ha permitido que Brasil sea reconocido por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) como libre de fiebre aftosa sin vacunación en todo su territorio desde 2025. Santín también abogó por la «regionalización», un concepto de la OMC y la OMSA que permite aislar focos de enfermedades en zonas específicas sin cerrar las exportaciones de todo el país, garantizando la seguridad alimentaria de los compradores.
La presentación concluyó con cifras que sitúan a Brasil en la cima de la producción mundial:
- Pollo: Brasil es el primer exportador mundial con el 37.3% del mercado global y el tercer productor. Se espera que en 2026 la producción alcance los 16.1 millones de toneladas, con un consumo interno de 49 kg por habitante.
- Cerdos: Es el tercer mayor exportador y cuarto productor mundial. Las proyecciones para 2026 apuntan a una producción de 5.3 millones de toneladas.
- Material genético: Debido a su estatus sanitario superior, Brasil se ha convertido en un centro global de exportación de huevos fértiles y genética avícola para países como México, Arabia Saudita y Senegal.
Ricardo Santín finalizó su intervención con un mensaje claro: «No puede haber fronteras para los alimentos». Brasil se posiciona no solo como un proveedor de carne, sino como un socio estratégico y tecnificado que garantiza que la proteína animal siga siendo accesible y sostenible para una población mundial en constante crecimiento.
En la rueda de preguntas posterior a su presentación, Santín habló sobre la amenaza de suspensión de las importaciones brasileñas de carne a partir del próximo 3 de septiembre. Uno de los temas principales fue la regulación de la Unión Europea sobre el uso de antimicrobianos, que entrará en vigor el 3 de septiembre. Según manifestó, Brasil ya realiza la segregación de productos sin promotores de crecimiento para el mercado europeo, pero la UE ahora exige una fiscalización oficial adicional en lugar de basarse únicamente en los autocontroles de las empresas.
Sula Alves, directora técnica de ABPA, señaló que la industria brasileña ha solicitado formalmente al Ministerio de Agricultura el veto total de estas drogas como promotores de crecimiento en todo el país, buscando extender a todos los productores los estándares de calidad que las grandes empresas ya cumplen para la exportación.
Fuente: Eurocarne


