El ingeniero Roberto “Tino” De Rossi advirtió sobre la reaparición del mildiu en maíz y el avance del carbón de la panoja. Al respecto, valorizó la tarea de monitoreo, elección de híbridos y registro de lotes, claves para lo que viene en la próxima campaña.
El cultivo de maíz volvió a encender luces de alerta en la última campaña por la aparición y mayor presión de enfermedades que hasta hace poco eran consideradas secundarias o esporádicas. Así lo explicó el ingeniero e investigador Roberto De Rossi, quien puso el foco en el Mildiu y en distintos tipos de carbón que afectan directamente el rendimiento. “El mildiu del maíz no era una enfermedad muy presente en Argentina, siempre aparecía de forma anecdótica, pero esta última campaña tuvo una presión muy importante en zonas del centro y norte de Córdoba, Santiago del Estero y Entre Ríos”, explicó.
Mildiu: una enfermedad que volvió con fuerza
Según detalló De Rossi , uno de los principales problemas es la confusión con el achaparramiento, ya que los síntomas son similares. “Las plantas pueden quedar más achaparradas o no, pero sí quedan sin producción y muy amarillentas. Eso generó muchas consultas porque se confundía con otras problemáticas”, señaló.
El Ingeniero advirtió que el impacto puede ser muy alto. “Hemos tenido lotes con más del 20% de incidencia, y eso significa directamente un 20% de plantas muertas”, dijo. Además, remarcó un punto clave para el manejo futuro: “Es una enfermedad que queda en el lote, en el rastrojo, con estructuras de resistencia que pueden durar dos o tres años, y también puede transmitirse por semilla”.




Qué hacer hoy: monitoreo y genética
Frente a este escenario, De Rossi fue claro sobre las medidas inmediatas: “Ahora estamos en una etapa donde hay que monitorear, anotar los lotes que fueron positivos y evaluar qué genética se comportó mejor”. Y agregó: “La genética va a ser uno de los principales pasos, porque hasta ahora no era un problema que estuviera en el radar y hay poca selección específica”.
Carbón del maíz: diferenciar para no equivocarse
Otro de los problemas detectados en la campaña fue el avance del carbón, especialmente en el sur de Córdoba. El investigador explicó que es fundamental distinguir entre tipos de carbón: “Está el carbón común, que forma como una telita blanca y unas ‘pelotas’ o agallas, generalmente en la espiga. Ese incluso puede aparecer en hojas o tallos porque entra por heridas”. Pero advirtió sobre una variante más compleja: “El carbón de la panoja es distinto. Es como un carbón desnudo, destruye toda la estructura y la planta queda absolutamente improductiva”.



Manejo: genética sí, tratamientos aún no
En cuanto a control, De Rossi fue contundente: “Hoy contamos con genética que se comporta mejor, más tolerante, pero no hay todavía tratamientos de semilla registrados que lo controlen”. Y agregó: “Se están haciendo ensayos y procesos de registro, pero por ahora la principal herramienta es elegir bien el híbrido”.
El “carbón bueno”: de problema a oportunidad
En un dato curioso, De Rossi también se refirió al uso gastronómico del carbón común, conocido como huitlacoche en México. “Hay emprendimientos que nos consultaron cómo producirlo en forma controlada para consumo, porque es muy valorado en gastronomía”, contó. Y aclaró: “Ese es el carbón común, el que se puede comer. No el de la panoja, que es el problemático”.
En conclusión, la campaña precedente dejó una señal clara: enfermedades que antes eran secundarias hoy pueden tener impacto económico importante. Las soluciones, por ahora: Monitorear, registrar lotes, elegir genética adecuada. Porque, como resumió De Rossi: “ tenemos que empezar a mirar estas enfermedades de otra manera”, concluyó.
Fuente: VALOR AGREGADO AGRO


