- En el marco del Agrievolution Summit 2025, el especialista João Carlos Moraes Sá indicó que el siembra directa ya cubre 43 millones de hectáreas en Brasil, pero solo el 10% está basado en el sistema de siembra directa.
- El desafío: consolidar el modelo integral hacia 2030 para lograr mayor secuestro de carbono y salud de los suelos.
La siembra directa en Brasil ha sido una de las transformaciones más profundas en la agricultura del país en las últimas cinco décadas. De acuerdo con João Carlos Moraes Sá, profesor asociado del Departamento de Ciencia del Suelo y de Ingeniería Agrícola de la Universidad Estadual de Ponta Grossa, el crecimiento de esta práctica se mantiene firme, con una expansión anual de entre 900.000 y 1,1 millones de hectáreas.
Según los últimos datos oficiales disponibles, publicados en 2022, la superficie bajo siembra directa alcanza 43 millones de hectáreas. De ese total, casi 7 millones están ocupados con caña de azúcar y unas 36 millones con cultivos anuales. La tecnología está presente en todo el territorio brasileño, aunque los mayores niveles de adopción se concentran en dos biomas clave: la Mata Atlántica y el Cerrado, responsables del 75% de la producción de alimentos del país.
Sá insistió en diferenciar la práctica de “siembra directa” de lo que se conoce como “sistema de siembra directa”. Mientras que la primera suele limitarse a la ausencia de labranza con una cobertura básica —por ejemplo, rotación de soja y maíz con un cultivo de invierno—, el sistema de siembra directa integral se basa en tres principios fundamentales: Cero labranza, con alteración mínima del suelo; cobertura permanente, evitando dejar la superficie desnuda; y diversificación de cultivos, como herramienta clave para la salud del suelo.
“Muchas veces se hace siembra directa de soja seguida de maíz, con una cobertura mínima, pero eso no es un sistema integral”, explicó el académico. “El verdadero modelo es el que tiene la capacidad de reducir la erosión prácticamente a cero, aumentar el carbono en el suelo e incrementar la rentabilidad con el tiempo”.
En este contexto, el desafío de Brasil es ampliar la superficie bajo este modelo más robusto. Hoy, según los cálculos de Sá, apenas un 10% de las 43 millones de hectáreas cumplen con todos los principios del sistema. El objetivo es que hacia 2030 se logren 20 millones de hectáreas con siembra directa plena, lo que representaría “un avance brutal”, con impacto directo en el secuestro de carbono y en la sustentabilidad del sistema productivo.
“Con esto realmente vamos a secuestrar carbono. Es la agricultura que nos permite producir más con menos, en armonía con la naturaleza”, afirmó.
Proyecto
El especialista lidera un proyecto que evaluó 63 sitios distribuidos en casi todos los estados productores del país: Piauí, Maranhão, Bahía, Mato Grosso, Minas Gerais, São Paulo, Mato Grosso do Sul, Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul, entre otros. La selección incluyó fincas con más de 20 años bajo el sistema, con un promedio de 32,2 años de continuidad, y algunas con más de 40 años.
Las comparaciones fueron contundentes: 75% de las áreas alcanzaron emisiones netas cero y 25% lograron emisiones netas negativas, es decir, recuperaron más carbono del que habían perdido tras la conversión del suelo.
“Esto es espectacular. Significa que el sistema de siembra directa recupera carbono y, además, aporta mayor salud al suelo, mayor productividad y mayor rentabilidad”, subrayó Sá.
Impacto económico y tecnológico
Los resultados no solo son ambientales. En los establecimientos evaluados, la rentabilidad supera en muchos casos el 50% respecto de esquemas convencionales, y en algunos llega hasta el 80%. Al mismo tiempo, se verificaron fuertes reducciones en el uso de insumos: 80% menos glifosato, 40 a 50% menos insecticidas y fungicidas, y entre 30 y 50% menos fertilizantes industriales.
“El productor entiende un lenguaje muy claro: la rentabilidad. Si preguntamos ‘¿quiere ganar más plata?’, la respuesta es sí. Y ahí está la fuerza del sistema de siembra directa. No solo secuestra carbono, también mejora los márgenes”, destacó el investigador.
Brasil se prepara para publicar en septiembre un artículo clave sobre emisiones netas cero y negativas, donde se detallará cómo la agricultura bajo siembra directa integral no solo compensa las pérdidas de carbono, sino que puede llegar a capturarlo de forma neta.
“Estamos rediscutiendo todo el proceso productivo. No se trata solo de mitigar emisiones, sino de regenerar el suelo y transformar la agricultura en una aliada de la naturaleza”, concluyó Sá en su paso por el Agrievolution Summit 2025, en Buenos Aires.
El horizonte está trazado: consolidar un modelo productivo que combine ciencia, eficiencia y sustentabilidad, con el 2030 como punto de inflexión para una agricultura brasileña más rentable y ambientalmente responsable.
Fuente: Clarín


