TECNOLOGÍA HB4: LA HERRAMIENTA IDEAL PARA LOGRAR MÁS PRODUCTIVIDAD AGRÍCOLA Y LUCHAR CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

En Bolivia, la producción de soya se ha “estancado” en los últimos 10 años y el crecimiento del sector ha sido “poco significativo”. Así lo hicieron conocer desde la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO). Para cambiar este panorama, productores apuntan al uso y acceso de la biotecnología, dentro de ello, a la tecnología HB4.

 

La biotecnología es la aplicación de tecnología que utiliza organismos vivos y sistemas biológicos para crear o modificar procesos o productos para usos específicos. Además, es multidisciplinaria, ya que se aplica en varias áreas, entre ellas, la agricultura y ciencias de alimentos.

 

La tecnología HB4 es un gen que naturalmente se encuentra en el cultivo de girasol, por tanto, tiene buena adaptación a condiciones restrictivas o de bajo disponibilidad de agua.

 

“Es una tecnología que permite a las plantas poder sobrevivir ante condiciones de falta de agua y condiciones de salinidad del suelo. Se identificó en el girasol y lo que hicimos es incorporarlo a la soya y al trigo. De esta manera, tanto la soya como el trigo, con tecnología HB4 pueden sobrellevar situaciones de sequía”, explicó a OPINIÓN el experto argentino e ingeniero Martín Mariani Ventura.

 

Remarcó que el cambio climático afecta considerablemente a los productores y con esta tecnología se reduce el impacto y así mejora la productividad, considerando que es sustentable, puesto que se produce más con menos recursos.

 

La tecnología HB4 fue desarrollada en Argentina por el grupo de Raquel Chan, investigadora del Conicet. Actualmente es la única tecnología aprobada a nivel mundial de tolerancia a sequía. Hay siete variedades registradas en Argentina.

 

Esta tecnología está aprobada para el cultivo de soya en Argentina, Estados Unidos, Brasil, Paraguay y Canadá, países que representan más del 85% del área mundial plantada de soya. En Chile y Sudáfrica se encuentra aprobada para consumo y se ha presentado en Uruguay, Bolivia y Sudáfrica para la aprobación para la siembra.

 

Hace un año, la ANAPO presentó, ante el Comité de Bioseguridad Alimentaria, la solicitud de evaluación y aprobación del evento transgénico en trigo HB4. La necesidad es reducir pérdidas productivas causadas por la sequía, asegurar cosechas y aumentar la superficie de siembra y producción.

 

En 2021, el Gobierno abrogó tres decretos supremos que aceleraban la aplicación de procedimientos abreviados sobre el uso de semillas transgénicas en el cultivo de maíz, caña de azúcar, algodón, trigo y soya, genéticamente modificados en sus diferentes eventos.

 

Existe crítica en cuanto a la utilización de semillas genéticamente modificadas. En nuestro país no existe un marco regulatorio para su utilización. Ello, porque podría hacer daños en la salud.

 

Sin embargo, Mariani explicó que se confunde la mala utilización de productos químicos con la biotecnología.

 

“Independientemente de que sea una soya, trigo o maíz, genéticamente modificado es distinto de la biotecnología. El problema es cómo se utiliza un producto químico. El producto químico mal utilizado afecta (negativamente) a un cultivo convencional o a un cultivo genéticamente modificado”, dijo.

 

El experto brasileño Rafael Moreira Solares, por su lado, indicó que las nuevas tecnologías deben ser analizadas, más cuando “se ha comprobado que no causan problemas y pueden ser utilizadas con seguridad”, ya que traen beneficios para el productor para el control de malezas, insectos y enfermedades.

 

El ingeniero boliviano Guillermo Barea explicó que en Santa Cruz se han identificado 29 enfermedades (hongos, bacterias, virus y nematos). Asimismo, resaltó que Bolivia (que no utiliza la biotecnología) está retrasada 10 años en comparación con otros países. “El cambio climático es una realidad, cada vez tenemos más problemas con precipitaciones y perdemos mucho potencial de rendimiento por no tener esta tecnología que todos los países vecinos tienen. Ese es un retraso a nivel de agricultor, de consumidor, de población. Produciendo más, estoy seguro de que el costo de aceite debería de ser mucho más accesible”.

 

Asimismo, el presidente de la Filial Norte ANAPO San Pedro de Santa Cruz, Juan Pablo Espinoza, manifestó que efectivamente existe un retraso en Bolivia, puesto que “hay mucha maleza que no se puede combatir sin biotecnología, se han hecho estudios que demuestran que no afectan a la salud”.

 

Instó a las autoridades a que les permitan hacer el uso de biotecnología, pues explicó que la media de producción de soya está a dos toneladas por hectárea en una campaña, y con HB4 “tranquilamente se puede llegar a cuatro toneladas, aparte de que no se va a fumigar mucho y no se va a intoxicar a la fauna”.

 

“Sin biotecnología fumigamos siete veces, con eso (biotecnología) lo haremos tres veces. Entonces, estamos cuidando la fauna, el ambiente, a nosotros y abarata costos, se utiliza menos combustible. Eso sería una gran ayuda”, indicó Espinoza.

 

Según Jaime Hernández, el gerente general de la ANAPO, del 100% de la producción boliviana de soya, el 20% cubre la demanda interna y el restante va a exportaciones en productos con valor agregado. Informó que, en el caso de la soya, el Comité Nacional de Bioseguridad, a través del Ministerio de Medio Ambiente, ha aprobado el proceso de evaluación de riesgo, pero en trigo aún no hay avance.

 

Ahora bien, la economista brasileña Marcela Marini, durante su disertación en el V Congreso Internacional de la Soya, dijo que para la siguiente gestión (2024) “Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y también Bolivia producirán volúmenes récords de soya” y con esto también existirá un nivel alto de exportaciones.

 

 

Sin embargo, resaltó que mantener o aumentar el rendimiento de la producción dependerá de la tecnología como aliada, pues con los años “dará espacio para aumentar los rendimientos y mejorar el uso y la relación que tenemos con el suelo”.

 

El presidente de la ANAPO, Fernando Romero, informó que la superficie de siembra y producción de trigo han disminuido en los últimos años por las condiciones climáticas, especialmente por la sequía.

 

El promedio al que se llegó fue uno de los más bajos en 25 años, con 850 kilogramos por hectárea. Pese a ello y con esfuerzo, el panorama en 2023 “es más esperanzador”, aunque esto es aún insuficiente para abastecer la demanda nacional de trigo. 

 

Según Jaime Hernández, el gerente general de la ANAPO, del 100% de la producción boliviana de soya, el 20% cubre la demanda interna y el restante va a exportaciones en productos con valor agregado, pero “la producción de soya está estancada y se encuentra en los promedios habituales”.

 

Toda la información fue recolectada durante el V Congreso Internacional de la Soya, organizado por la ANAPO. El objetivo fue impulsar eventos tecnológicos para mejorar la productividad combatiendo los efectos del cambio climático. 

 

Paz subrayó la relevancia de la biotecnología para el desarrollo del sector. “En países vecinos, el uso de semillas genéticamente modificadas ha aumentado la producción a partir de una mejora sustancial en la productividad, generando mayores excedentes para las exportaciones y, por consiguiente, de divisas”, acotó.

 

 

 

Fuente: Opinioón 

Fecha: 11/09/2023

 

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