El encarecimiento de los productos bovinos, tanto nacionales como importados, está modificando los hábitos de compra de las familias. Los carniceros advierten dificultades para mantener las promociones ante el aumento de los costos de abastecimiento, según un informe de los colegas periodistas de El País.
La demanda de carne vacuna comenzó a disminuir en Uruguay durante los últimos meses, en un contexto de aumentos que afectan el poder adquisitivo de los hogares. Desde la Unión de Vendedores de Carne (UVC) señalan que los clientes reducen las cantidades compradas y recurren con mayor frecuencia a otras proteínas, una situación de interés para los consumidores de Maldonado y del resto del país.
José Luis Fernández, Presidente de la gremial, explicó que el fenómeno responde al encarecimiento de la producción nacional y de las importaciones procedentes de Brasil y Paraguay, que anteriormente ofrecían alternativas más económicas.
De acuerdo con declaraciones recogidas por el periodista Cristian Alamón para El País, algunos compradores que habitualmente llevaban tres kilos ahora adquieren dos, mientras otros incorporan con mayor frecuencia pollo o cerdo a su alimentación.
El impacto se observa especialmente en los cortes de mayor valor comercial, como el lomo, el entrecot y los bifes ancho y angosto, cuyos precios pueden superar los $1.000 por kilogramo. Esta situación también repercute en los establecimientos gastronómicos, debido al incremento de los costos de reposición.
Según Fernández, determinados productos brasileños dejaron de representar una ventaja significativa frente a los nacionales, lo que limita las posibilidades de ofrecer opciones accesibles al público.
En contrapartida, la carne porcina conserva valores relativamente estables, aunque desde el sector prevén posibles ajustes vinculados con la evolución del mercado brasileño. El pollo, por su parte, mantiene una demanda sostenida, favorecida por su menor precio.
Este escenario contrasta con los registros del Instituto Nacional de Carnes (INAC), que durante 2025 contabilizó un consumo total de 101,5 kilogramos de productos cárnicos por habitante, de los cuales 50,2 correspondieron a carne bovina.
La evolución observada en 2026 genera incertidumbre sobre la continuidad de aquella recuperación, especialmente ante la proximidad de las celebraciones de fin de año, período de mayor actividad para las carnicerías.
Fernández advirtió que organizar promociones resulta cada vez más complejo, debido a las dificultades para garantizar precios convenientes, calidad y disponibilidad suficiente de mercadería.
Entre las alternativas que analiza la gremial figura solicitar la eliminación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) sobre la carne ovina, con el objetivo de favorecer su comercialización. Por el momento, se trata de una propuesta del sector y no de una medida aprobada por las autoridades.
De cara a noviembre y diciembre, la evolución de los costos y el abastecimiento serán determinantes para conocer el comportamiento de las ventas durante las celebraciones de fin de año.
Fuente: cadenadelmar


