ACRICER advierte que los productores ya han perdido más de la mitad de su capital operativo y teme una recuperación lenta y costosa. La reciente certificación sanitaria de Santa Cruz abre oportunidades para la exportación, aunque sus efectos se verán a mediano plazo.
La porcinocultura boliviana atraviesa una de las crisis más severas de los últimos años. Tras más de 47 días de bloqueos en las principales carreteras del país, el sector acumula pérdidas superiores a los 100 millones de bolivianos y enfrenta serias dificultades para mantener su operatividad.
Así lo manifestó Javier Urenda, presidente de la Asociación de Criadores de Cerdos de Granjas Tecnificadas (ACRICER), quien calificó la gestión 2025 como un año prácticamente perdido para los productores y advirtió que la recuperación financiera será lenta y compleja.
Más de 20.000 animales retenidos en granjas
A diferencia de otras actividades productivas, la producción porcina no puede detenerse. Los ciclos reproductivos continúan de manera permanente, con nacimientos, engorde y movimientos programados semanalmente, independientemente de las condiciones del mercado o de los problemas logísticos.
Esta situación ha provocado una acumulación estimada de 20.000 cerdos en las granjas, animales que no han podido ser trasladados a sus principales mercados de consumo, especialmente los departamentos de La Paz y Cochabamba.
“La afectación es bastante dura. Hasta ahora acumulamos casi 100 millones de bolivianos en pérdidas y hemos perdido alrededor del 53% de nuestro capital operativo”, señaló Urenda.
La imposibilidad de comercializar la producción generó una sobreoferta temporal en las zonas productoras, provocando una fuerte caída de precios. Actualmente, los productores están vendiendo animales a valores que se encuentran aproximadamente seis bolivianos por kilogramo por debajo de sus costos de producción.
Productores al límite financiero
La crisis golpea con mayor intensidad a los pequeños productores, cuya liquidez depende de la comercialización diaria de sus animales. Sin embargo, las empresas medianas y grandes tampoco están exentas de los efectos económicos.
Según ACRICER, muchas unidades productivas deberán recurrir al financiamiento bancario para sostener sus operaciones, asumir compromisos con proveedores y garantizar la continuidad de la producción, incrementando así sus costos financieros.
“Los animales siguen consumiendo alimento todos los días. El productor continúa invirtiendo recursos, pero no puede recuperar ese capital porque no logra comercializar su producción en condiciones normales”, explicó el dirigente.
El sector pide acceso a financiamiento, no subsidios
Ante la magnitud de las pérdidas, representantes del sector porcino y de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) sostuvieron reuniones con autoridades de los ministerios de Economía y de Desarrollo Productivo para exponer la situación.
Urenda aclaró que la demanda del sector no está orientada a recibir subvenciones o compensaciones estatales, sino a facilitar mecanismos financieros que permitan recomponer el capital de trabajo y evitar un deterioro mayor de la actividad productiva.
“El objetivo es que los productores puedan acceder a condiciones financieras que les permitan recuperarse y continuar garantizando el abastecimiento de alimentos para el país”, indicó.
Certificación sanitaria abre oportunidades para exportar
En medio del escenario adverso, el sector recibió una noticia alentadora con la certificación de Santa Cruz como zona libre de peste porcina clásica, un requisito sanitario fundamental para acceder a mercados internacionales.
No obstante, Urenda explicó que la apertura efectiva de las exportaciones requerirá todavía un proceso técnico y comercial que podría tomar varios meses. Entre los desafíos pendientes figuran la firma de protocolos sanitarios con países compradores, la habilitación de frigoríficos exportadores, el fortalecimiento de la cadena de frío y la adecuación de parámetros productivos para atender las exigencias del mercado internacional.
Uno de los principales ajustes será incrementar el peso promedio de faena, pasando de los actuales 100 kilogramos a cerca de 130 kilogramos por animal, estándar demandado por varios mercados externos.
Impulsar el consumo interno
Mientras se consolidan las condiciones para exportar, ACRICER apuesta por fortalecer el mercado nacional y promover un mayor consumo de carne de cerdo entre las familias bolivianas.
El dirigente destacó que, frente al incremento de precios registrado en otras proteínas animales, la carne de cerdo se presenta como una alternativa accesible, nutritiva y de alto rendimiento para los consumidores.
Finalmente, el sector aseguró que existe suficiente oferta de animales para cubrir la demanda de fin de año, una de las épocas de mayor consumo en Bolivia. Sin embargo, advirtió que la normal provisión dependerá de que las rutas permanezcan expeditas y se restablezca plenamente la logística de distribución.
Fuente: SCA.


